1. 'The Bottle Imp' o 'El diablo embotellado', de Robert Louis Stevenson: publicado en su volumen Island Night Entertainments, titulado en su versión española como Noches en la isla.

2. 'William Wilson', de Edgar Allan Poe, publicado en 1839, porque en la noche de brujas nadie es el que parece detrás de su mascarita.

3. 'Los autómatas' o 'Vampirismo', de Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann: pobrecito, siempre al borde de la locura, como lo demuestran este par de relatos que hacen de la literatura la loca de la casa que es la cabeza.

4. 'La cena de los bustos', de Gaston Leroux: una advertencia para que nadie confíe en quién puede tener al lado si alguien se atreve a cenar durante la Noche de Brujas.

5. 'El regreso del brujo', de Clark Ashton Smith: porque los brujos jamás se han ido y siempre están merodeando.

6. Otra vuelta de tuerca, de Henry James: un largo acertijo que siempre confunde quién está vivo o muerto.

7. Carmilla, de Sheridan Le Fanu: vampiras lésbicas que sufren por su pasión de ultratumba.

8. El diablo enamorado, de Jacques Cazotte: porque el diablo nunca es como lo pintan pero sí como lo imagina un autor como Cazotte.

9. Alguno de los relatos de vampiros, brujas, demonios y fantasmas reunidos por Bernhardt J. Hurwood en su libro Passport to the Supernatural. An Occult Compendium from All Ages and Many Lands, titulado en español Pasaporte para lo sobrenatural.

10. Y una película, La historia de la brujería a través de los tiempos (1922), dirigida por Benjamin Christensen, señalando que el combate entre la Iglesia, los hombres y sus demonios no acaba.

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