Lo memorable no van a ser las de tres estrellas de la guía Michelin (su máximo galardón), porque el Harry's Bar de Venecia no aparece por ninguna parte de la Michelin. Al Harry's lo respaldan otras tres estrellas: Marlene Dietrich, Lauren Bacall y Grace Kelly, todas clientes fieles (las divas de hoy en día no se atreven a comer algo más que una hoja de lechuga sin vinagreta, mientras las de antaño comían y bebían de todo y fueron aún más glamourosas. ¿Será que descubrieron un secreto útil en esta época prebulímica?).
El éxito de Harry's Bar se debe a que logra que sus comensales se sientan completamente cómodos a través de su sencillez. Algo que no es fácil con una gente que está acostumbrada al lujo total.
En el momento de sentarse en el bar en el primer piso se pide un dry Martini, que allí llaman Montgomery en honor al general británico de la Segunda Guerra Mundial, quien jamás entraba en batalla sin tener una ventaja en soldados de 10 a 1, que son las medidas del coctel (ginebra vermouth) El nombre estaba inventado por Ernest Hemingway. Mi 'pero' es que lo sirven congelado. Por eso prefiero Bellini, inventado en Harry's, es una mezcla de prosecco (la champaña italiana) y jugo de durazno blanco.
De entrada se pide caviar fresco (son pocos los sitios que lo sirven). El de mejor sabor es Ossetra y no Beluga. Solo se necesitan tostadas o blinis para acompañarlo, nada más. También se puede pedir carpaccio, plato nombrado por el pintor veneciano medieval del mismo nombre y que utilizaba pintura roja y blanca, y una condesa que no podría comer carne cocinada. Fue inventado por el Harry original, papá del actual, en 1950. Interesante comparar este original con algunos de los adefesios del mismo nombre que sirven en algunos restaurantes colombianos.
De plato principal, el mejor que tiene el restaurante es pasta fresca con trufas blancas. A US$8.000 por kilo, tiene que ser el ingrediente más exclusivo. Acompáñelo con una botella de Barolo, un vino tinto de excelente calidad que viene del mismo departamento de las trufas: Piedemonte.
Mientras come, observe el jet set mundial en las mesas vecinas y pida a los meseros que le cuenten los secretos de las estrellas de cine y la realeza. A diez dólares el soborno, es el 'plato' más barato y delicioso que tiene la carta.

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