En un país como Colombia, donde cualquiera que se salga de los estándares del macho latino es tildado de hípster o de metrosexual (o de las dos cosas al tiempo), no es fácil reconocer públicamente que uno se cuida. Y aunque yo esté lejos de ser Sascha Fitness (y de tener sus abdominales), mis amigos llevan años montándomela porque como rodajas de piña a media mañana y no pruebo carbohidratos después de las 5:00 de la tarde. Es que no es fácil cuidarse, y menos a los 40, cuando el cuerpo ya no tiene la gracia de los 20. (Cuándo el deporte se vuelve una obsesión)

Y quiero hacer una aclaración antes de continuar: por lo general, los que comen bien y hacen ejercicio argumentan razones de salud, pero es mentira, lo hacen para verse flacos. No digo que cuidar la dieta y ser activo no haga que uno se sienta mejor interiormente, pero es secundario. Al menos de mi parte, yo me cuido para no engordar; que mi salud se beneficie por ello me tiene sin cuidado.

Para empezar, tengo pesa y la uso tres veces al día: al despertar, luego de ir al baño por la mañana y antes de acostarme. Así, he aprendido que entre la levantada y la ida al baño se puede perder entre medio kilo y uno entero. Ese mismo peso se pierde si se duerme bien en la noche. Comer pesado antes de acostarse puede significar una ganancia de 2 kilos, y para quemar eso hay que correr como dos maratones. Antes de la pesa me alcancé a subir 14 kilos; ahora que bajé 16, he prometido nunca más dejarme ir de esa manera.

Y no vale matarse a ejercicio para después comer como camionero. Así no funciona esto. La mejor manera de no engordar es comiendo bien. Usted puede hacer el ejercicio mínimo (una caminata de media hora día de por medio), pero si controla la boca, está del otro lado. Yo lo entendí y, aunque me doy mis licencias (pollo asado, gaseosa o helado de vez en cuando, porque para eso hago ejercicio cuatro de los siete días de la semana), he optado por aguantarme tanto el apetito como los chistes de mis amigos y asumir con dignidad la dieta que llevo. Cuando me ven comiendo una barra de cereal con proteína ya no arranco con la lora de que mejora las funciones digestivas y la flora intestinal; simplemente digo que es rica, mientras pongo cara de indiferente para que dejen de montármela. (Razones para empezar a hacer deporte ¡ya!)

Es que es muy difícil mantener la línea hoy en día, y perdonen que suene poco masculino, pero el tema de la alimentación se ha sofisticado con los tiempos. Antes, uno engordaba si comía, y adelgazaba si dejaba de comer, punto. Ya no: ahora hay cosas como el gluten, que pocos saben qué es pero al que todos le huyen. Porque hasta el alimento o actividad menos pensados pueden engordar. De hecho, ya no hay una sola gordura, sino seis tipos de ella: alimentaria, abdominal, glútea, circulatoria, metabólica y por inactividad. Y no solo eso: estudios científicos aseguran que pueden engordar cosas como comer en restaurantes donde suena música clásica, trabajar de noche, dormir con la televisión prendida y hasta tener amigos gordos. También es que meten demasiado miedo. Y encima, dietas hay las que usted quiera: empezando con la de la piña, pasando por la mediterránea, la hipocalórica y la macrobiótica, y terminando con la que dice que hay que comer un poco cada tres horas, con una combinación exacta de frutas, proteínas y carbohidratos. Si el individuo en dieta rompe esta última, no solo se engorda, sino que se destruye el universo.

Trato de no estresarme con tantas reglas y me rijo por un principio básico: comer variado y en su justa medida, pero sobre todo, consumir las mismas calorías que gasto. Si usted sufre por la panza que tiene, pero se zampa 4000 calorías diarias y quema apenas la mitad, no se queje. Más bien bote a la basura ese mecato que tiene en la mano, pedazo de gordo. (Los 5 deportes con los que puede quemar más calorías)

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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