No es extraño encontrarse a los más famosos chefs de la ciudad departiendo al calor de un coctel, a medianoche, en el nuevo restaurante del "barrio". Algunos dirán que están ahí para probar el gin thai, hecho con jengibre. Otros le echarán la culpa a esa unión cuasisalsera entre Cali y Cuba que se resume en un mojito de lulo. Todos coincidirán, en todo caso, en que se han encontrado para gozar de la amabilidad de la caleña Paula Silva y el español Daniel Meroño, los anfitriones de Khemia, un restaurante que nació en la capital valluna y que hoy crece en Bogotá como una de sus especialidades: la espuma.

Espuma, sí. Porque en Khemia se han especializado en lo que se suele llamar "comida molecular" y que ellos prefieren denominar "imaginativa". ¿De qué otra manera puede uno pensar en el sabor de toda una ensalada caprese en la que no hay un solo vegetal sólido, sino crema de tomate y espuma de queso mozzarella? ¿O unos raviolis que son imposibles de rechazar a sabiendas de que están rellenos de lo que el chef llama coloquialmente "maíz podrido"? Esas son apenas algunas de las sorpresas que puede usted encontrarse en este restaurante de cinco ambientes, en el que predominan los colores negro y naranja y en el que siempre hay música para todos los gustos, desde electrónica hasta jazz latino, pasando por flamenco.

Pocos restaurantes permiten un nivel de interactividad tal entre el comensal, el cocinero y el plato como el de Khemia. Le garantizamos no solo la satisfacción de paladar y estómago, sino además muchas caras de sorpresa.

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