Añoramos a Miguel

Será fanatismo mío, pero me da la impresión de que la encrucijada del América representa perfectamente la precaria y urgente situación de Cali. El equipo, en manos de los Rodríguez desde finales de los setentas, ha caído en desgracia junto con ellos (junto con Cali). El patrón ya no se hace cargo, y de su delfín (Juan Miguel Rodríguez) no se sabe nada desde que se pisó, a mediados de febrero [¿?]. Las malas lenguas sugieren que le hicieron una propuesta imposible de rechazar: que se fuera a las buenas o lo sacaban a las malas.

¿Quién se tiene la fe como para amenazar a un Rodríguez? Luis Enrique Calle Serna, se llama la belleza. Alias ‘Combatiente’ o simplemente ‘Comba’. El prontuario del susodicho eriza. Una nota de El Tiempo del 3 de febrero del 2008 lo sindica de ser el cabecilla de la banda Los Rastrojos, antiguo jefe de finanzas de la organización de Wílber Varela, alias ‘Jabón’, y principal sospechoso de su muerte, ocurrida el año anterior en un centro vacacional de Mérida, Venezuela. Mejor dicho, el último ‘lavaperro’ que ha intentado ocupar el vacío de poder que dejó el desmantelamiento del Cartel de Cali.

Al parecer, uno de los esbirros del señor Calle Serna acompaña al plantel americano en todos sus desplazamientos, y tanto técnico como jugadores como directivos le prodigan un respeto considerable. Se supone que ‘Comba’ ha invertido unos recursos, presumiblemente en la forma de contratos de jugadores, que han redundado en su creciente poder al interior del club. Se sucedió una tensa puja por el control absoluto del América con Juan Miguel Rodríguez, quien seguía fungiendo de cabecilla escarlata hasta enero, cuando se reunió con el alcalde de Cali para discutir la situación institucional del club.

¿Es ‘Combatiente’ el nuevo patrón del América? La versión oficial es que no. De hecho, la semana pasada se reunieron el alcalde, el gobernador, el fiscal general, entre otras personalidades políticas, para avalar el proceso de democratización que se intenta llevar a cabo con el trece veces campeón. A la tal reunión no asistió, sin embargo, ningún representante de la actual administración escarlata. La revista Semana, en su nota del evento, hace una de las primeras menciones en prensa de lo que en radio bemba hace rato se sabe. Que sí, que sí es.

O pretende serlo, al menos. Se le opone, valientemente y con fortuna incierta aún, el alcalde de Cali Jorge Iván Ospina (el gobernador del Valle del Cauca, se sabe, es un recontra espía). A lo mejor el alcalde adivina que está en juego algo más que la suerte de un equipo de fútbol. Lo que hay es una oportunidad para mirar a los ojos de nuestros fantasmas, por una vez, sin excusas. De alguna manera, la Cali ‘viable’ se las ha arreglado para ignorar a la que no lo es. Pero la miseria se ha multiplicado, y hace un tiempo largo que la viabilidad de la ciudad entera, de la sociedad como tal, es la que está en cuestión.

Cualquier intento por resolver el entuerto, debe incluir una sincerada muy brava sobre la verdadera dimensión del influjo narco. Coger la letra escarlata, colgárnosla al cuello. El problema no es Apolinar, ni los Rodríguez, ni siquiera el gobernador. No se resuelve matando, encarcelando o destituyendo a nadie en particular. No admite chivos expiatorios. El problema es más profundo, más complejo. Y ha crecido en medio de la distante indiferencia de un conjunto de personas que podríamos representar como los hinchas del Deportivo Cali. Por mucho que se esfuercen, pretender que el rey no está desnudo no significa que esté vestido. Resulta llamativo que los años que se recuerdan en Cali como ‘dorados’ son precisamente los que duró la paz mafiosa del Cartel. Es que, enfrentados a la realidad de ‘Comba’, añoramos a Miguel.

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