Patricia Castañeda es humilde: sabía que no podía alcanzar las cimas poéticas de sus colegas y por eso ensayó un libro de cuentos titulado La noche del demonio.

La autora asistió a cursos de escritura creativa en HB Studio en Nueva York y en la Universidad de los Andes. Tal empeño se nota en frases cinceladas que denotan esfuerzo y trabajo: "Fue una jornada que no le dejó esquirlas de cansancio", o "La angustia de la noche anterior desapareció con la misma libertad con la que llegó".

También se nota en la recreación de situaciones que eluden el lugar común, como esa en la que un joven con una ginebra en la mano cruza su mirada con una chica sexy toda vestida de negro que lee a Jim Thompson en un "solemne café": "Él quedó hechizado. Hechizado con aquellos ojos de almendra… su mano izquierda delineó el contorno del cuello con una feminidad enfermiza".

Apenas hay un paso de ahí a encontrar a la chica al día siguiente preparando café únicamente vestida con la camisa de él. Lo nunca visto.

No quiero dañar la originalidad y el suspenso de muchos de estos cuentos comentándolos detenidamente. La atrapante y moderna prosa de Castañeda está al alcance de cualquiera en una esmerada edición de Villegas Editores.

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