A.

Arica. Los organizadores del Mundial de Chile escogieron como sede a Arica, en la frontera con Perú, pensando en la segura clasificación de la selección inca, lo que atraería a gran cantidad de hinchas. Pero Colombia eliminó a Perú y los chilenos se quedaron con los crespos hechos.

Anécdotas. Rusia y Camerún se enfrentaron en 1994, en el Mundial de Estados Unidos, y en ese partido se produjeron dos hechos históricos. El ruso Oleg Salenko marcó cinco goles, la máxima cifra anotada por un jugador en un solo partido, y Roger Milla, que contaba con 42 años de edad, anotó el único gol de Camerún y se convirtió en el autor de un gol de más edad en la historia de los mundiales. Un par de récords que se quedaron en la simple anécdota puesto que ninguno de los dos equipos logró superar la primera fase.


C.

Cabezazos. Aunque el jugador francés Zinedine Zidane es recordado más que todo por la manera como manejaba el balón en sus pies, en los dos momentos culminantes de su paso por los mundiales utilizó la cabeza. En la final del Mundial de 1998, dos cabezazos suyos le permitieron a Francia derrotar 3 a 0 a Brasil y proclamarse campeón del mundo. Ocho años más tarde, en la final del Mundial de Alemania, estuvo a punto de poner a ganar a Francia con un cabezazo que desvió Bufón al córner y luego agredió a Materassi con un cabezazo en el pecho que le valió la expulsión y que le dio la vuelta al mundo.

Camerino. El gol más rápido de la historia de los mundiales lo anotó el futbolista turco Hakan Sukur contra Corea del Sur en el partido por el tercer puesto del Mundial de 2002. Lo marcó cuando apenas se jugaban 11 segundos del primer tiempo.

Cumplido. Se jugaba la liguilla final del Mundial de 1950. Brasil, el dueño de casa, había goleado 6 a 1 a España y 7 a 1 a Suecia, y le bastaba un empate ante Uruguay para salir campeón. Un dirigente uruguayo les pidió a sus jugadores poco antes de salir a la cancha: “Traten de no comerse seis goles, con cuatro estamos cumplidos”. El mediocampista Obdulio Varela, capitán del equipo, le respondió: “Hechos un carajo, cumplidos solamente si ganamos”. Y en efecto, Uruguay ganó 2 a 1 (el famoso Maracanazo) y se proclamó campeón del mundo por segunda vez.



E.

Empate. Dice el dicho: “El que peca y reza, empata”. Eso le sucedió al defensor holandés Ernie Brandts. En el partido en que se enfrentaron Italia y Holanda el 21 de junio de 1978, Brandts abrió el marcador con un gol en contra y él mismo se encargó de empatar el juego, que al final ganó Holanda 2 a 1.



M.

Milisegundo. Un suceso digno de un Gran Premio de Fórmula 1 o de una prueba de velocidad de atletismo se dio durante el Mundial de Argentina, en el partido que enfrentó a Brasil con Suecia. Ambos equipos empataban a un gol y, en el último instante del juego, se produjo un tiro de esquina a favor de Brasil. El centro cayó justo en la cabeza de Zico, quien la introdujo en la red. Sin embargo, el árbitro galés Clive Thomas invalidó el gol porque, en su concepto, el partido había terminado en el preciso momento en que el balón comenzaba a sobrevolar el área sueca. Los brasileños no lo podían creer y los suecos celebraron como si acabaran de ganar la copa del mundo.

Mozart. “El Mozart del fútbol”. Así le decían a Matthias Sindelar, la gran estrella de la selección de Austria de los años treinta que se conoció como el “wünderteam” (el equipo maravilloso) y que terminó cuarto en el Mundial de 1934. Cuatro años, cuando Hitler anexó Austria al Reich alemán, Sindelar no pudo soportarlo y existe la teoría de que se suicidó al no aguantar las presiones de la Gestapo. Sin duda, uno de los más grandes futbolistas de la historia mundial y que pocas veces se recuerda.



R.

Radio. Durante el Mundial de Suecia de 1958, el futbolista brasileño Garrincha compró un radio transistor por el que pagó más de 100 dólares. Américo, el masajista, le dijo que había hecho un muy mal negocio porque solo transmitía en sueco. Garrincha lo prendió y, en efecto, lo único que se oía en el aparato era en sueco. Ofuscado, aceptó la oferta de Américo, quien dijo que le haría el gran favor de comprárselo por 40.



T.

Tristeza. Muy pocas veces se asiste a una goleada en la que los ganadores del partido festejan cada nuevo gol con una cara cada vez más triste. Le sucedió a España en el Mundial de Francia de 1998. Para pasar a octavos de final debía vencer a Bulgaria y esperar que Paraguay no venciera a Nigeria. Pero los africanos les hicieron el favor a los guaraníes, que ganaron 3 a 1, y a España de nada le sirvió golear 6 a 1 a los búlgaros.

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