Sin embargo, pocas veces se recuerdan los más agónicos. Los de último minuto. Se han marcado varios en partidos de 90 minutos de duración. Pero el más agónico de todos se marcó en Italia 90. Lo anotó el inglés David Platt en el minuto 119 en el partido de octavos de final en que Inglaterra derrotó a Bélgica 1 a 0.


C.
Cambuche
. Durante la Segunda Guerra Mundial, el dirigente italiano Ottorino Barassi, vicepresidente de la Fifa, escondió la Copa Jules Rimet en una caja de zapatos debajo de su cama para salvarla de los nazis.

Comentarista.
En el Mundial de Francia de 1938 se dio un insólito caso, propio de aquellos tiempos. Cuba había empatado 3 a 3 con Rumania en 120 minutos de juego. La gran figura de Cuba había sido el arquero Benito Carvajales. Ambos equipos debían jugar un desempate para ver quién accedía a cuartos de final. Los cubanos no alinearon a Carvajales porque lo invitó la radio cubana para que comentara el partido. Por suerte para Cuba, Juan Ayra, su sustituto, estuvo a la altura, fue gran figura del partido, y Cuba dio la gran sorpresa al vencer a Rumania 2 a 1 y clasificar a cuartos de final.


D.
Disculpitas.
Aunque parezca increíble hoy en día, al Mundial de Brasil de 1950 no fueron 16 equipos porque algunas de las selecciones clasificadas desistieron ir. En parte, a causa de los desastres provocados por la Segunda Guerra Mundial, que tenía arruinadas las economías de varias naciones, lo que hizo que varias de ellas no participaran en las eliminatorias. Escocia, que había logrado un cupo, decidió no ir con el argumento de que Inglaterra representaría muy bien a las islas británicas. La Fifa decidió darle el cupo a Francia, previamente eliminada, pero los galos se negaron a ir. Turquía, también clasificada, renunció a viajar a Brasil. Y la selección de India, también clasificada, se negó a participar en el torneo porque la Fifa les prohibió a los integrantes del equipo jugar descalzos, que era su costumbre, y tal como lo habían hecho en los Juegos Olímpicos de Londres. Lo curioso del caso es que en la primera fase, en vez de repartir tres equipos por grupo y establecer uno restante de cuatro, la Fifa determinó dos grupos de cuatro, uno de tres y el D solo lo integraron Uruguay y la muy débil Bolivia. Los uruguayos ganaron 8 a 0 y accedieron a la liguilla final jugando un solo partido. En aquella instancia decisiva ocurrió el famoso Maracanazo. Uruguay ganó el Mundial con apenas cuatro partidos mientras que Brasil tuvo que jugar seis veces.


O.
Oceanía
. El primer (y único) triunfo de un equipo de Oceanía lo obtuvo Australia en el Mundial de Alemania 2006, cuando venció 3 a 1 a Japón. En contraste con ello, Nueva Zelanda ha sido la única selección oceánica en culminar invicta una participación mundialista, en Sudáfrica 2010, al igualar en sus tres presentaciones.


R.
Revancha.
Podría hablarse de justicia divina. O caer en el cliché “esas cosas del fútbol”. El hecho es que, en la fase de octavos de final del Mundial de Sudáfrica se enfrentaban Alemania e Inglaterra. Los alemanes ganaban 2 a 0 hasta que en el minuto 37 del primer tiempo el zaguero Upson descontó para Inglaterra. Un minuto más tarde, Frank Lampard remató desde fuera del área. El balón golpeó el horizontal y picó casi un metro adentro del arco alemán pero rebotó hacia fuera. El juez central uruguayo Jorge Larrionda no convalidó el gol. En el segundo tiempo Alemania marcó dos goles más. Esta jugada, una de las grandes vergüenzas del arbitraje en copas del mundo, ocurrió 44 años después del “gol que no fue” de Geoffrey Hurst, en la final del Mundial de 1966, que enfrentó a los mismos rivales. En aquella ocasión ambos equipos empataban 2 a 2 y un remate de Hurst golpeó el travesaño y regresó al terreno de juego. Según el juez de línea soviético/armenio Tofik Bakhramov, el balón entró. El juez suizo ratificó el gol que nadie vio (ni siquiera la más moderna tecnología puede asegurar que el balón haya entrado) e Inglaterra se proclamó campeón del mundo.


U.
Ultraviolencia.
La mala fama se la ganó Inglaterra 66, pero el mundial más violento de la historia fue Chile 1962. Al cuarto día de competencia ya había 50 jugadores lesionados. El balance final arrojó tres fracturas de piernas, una de cadera y una más de tabique nasal.

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