En teoría, todos en esta fila son desplazados por la violencia y vinieron a reclamar subsidios de Acción Social. Cada uno de ellos fue notificado acerca de un apoyo humanitario que pueden retirar del Banco Agrario, eso sí, atendiendo el pico y placa a cédulas que la entidad tuvo que poner por lo incontrolables que se volvieron las colas.

Anoche, a las 11:00 p.m., llegaron los primeros a esperar. Pero no vinieron a reclamar subsidios, vinieron a trabajar. Todas las personas que quedaron al inicio de la fila venden al otro día el puesto a 20.000 pesos y después se van atrás a esperar que la cola avance para vender otro puesto nuevamente. Así hasta cinco veces en una jornada laboral.

A las 4:00 a.m. había 15 personas en la fila. Media hora después eran 50. A las 5:30 a.m. ya pasaban las 100 y la fila empezaba a tener forma de C alrededor de la manzana del frente de la Plaza de Lourdes, en Chapinero. El Banco Agrario abre a las 8:00 de la mañana. Adentro no se hacen trámites comunes de un banco cualquiera, solo entrega de subsidios. En la primera tanda dejan entrar a 150 personas y cada media hora entran otras 150 a reclamar montos que dependen del número de personas que conforman el núcleo familiar desplazado.

El problema de la venta de puestos es diario. La policía intentó marcar a la gente con lapiceros, después con sellos, después con sellos y firmas en las fotocopias de la cédula, y el grupo de los niches, los dueños del negocio de vender puestos, clonaron todo. La policía hace presencia y trata de poner orden. Todos coinciden en que el banco y Acción Social deberían implementar métodos más modernos para entregar la plata. Allá mismo, las personas dicen que por más buena gente que sea un jefe, no existe ninguno que pueda soportar que cada tres o cuatro meses un empleado pida permiso para perder el día entero haciendo fila.

1. Dora Virginia Castellanos
Llegó a las 5:10 a.m.
Viene del barrio Alfonso López, en Usme. Se demora una hora en llegar por la mañana y dos horas en regresar después de reclamar el subsidio. Hace seis años es desplazada, pero prefiere no decir de dónde, porque cree que puede exponerse. Puso tutela a la Unidad de Víctimas para que le dieran el subsidio de este año.



2. Alejandro Gutiérrez
Llegó a las 11:00 p.m.
Vive de guardar puestos en la fila. Mete entre tres y cinco personas al día. Cobra entre 15.000 y 20.000 pesos por puesto. Va todos los días. La policía lo llevó al CAI de Lourdes y después lo dejaron salir. Se cambió de ropa y siguió trabajando. Estudió dos semestres de Derecho en la Universidad de Antioquia.



3. César Torres (La Concha)
Llegó a las 3:30 a.m.
Es vigilante en el centro y acaba de terminar su turno. Es de Sincelejo, pero todos le dicen que parece guajiro. Los paramilitares asesinaron a su mamá cuando él tenía 18 años, y es desplazado de Chinulito, Sucre. Paga 260.000 pesos de arriendo y le van a entregar 270.000. Va a pagar solo la mitad para poder hacer mercado.



4. Aníbal Carrillo
Llegó a las 4:15 a.m.
Lleva casi un año de esperar a que lo llamen para reclamar la ayuda humanitaria. Es desplazado del corregimiento de Ataco, al sur del Tolima. En 2006, el Frente 21 de las Farc mató a su hermano y a viarios primos, y desde entonces no pudieron volver a la finca que, según dice, ahora está en completo estado de abandono.



5. Jimmy Pérez
Llegó a las 6:00 a.m.
Vende chicharrones fritos y arepa, todos los días en la misma esquina. Calcula que a las 3:00 de la tarde ya habrá vendido la mercancía. Dice que gracias a la fila se hace 100.000 pesos diarios, y que para eso tiene que vender 50 chicharrones con arepa, a 2000. La policía lo molesta si se hace cerca de la puerta del banco.



6. Los niches
Llegaron a las 5:00 a.m.
Son 15. Vienen en combo a vender puestos. Son los que hacen el desorden porque a veces meten varias personas, incluso en puestos que no han reservado. Hace tres meses los llevaron a la UPJ por 24 horas y se robaron las llaves del camión. La policía tuvo que llamar electricista para poder prender el carro.



7. Humberto Romero
Llegó a las 5:15 a.m.
Es desplazado por la guerrilla de Barbacoas, Nariño. Lleva diez años haciendo esta fila, por lo que ya sabe cómo evitar que se le cuelen. El día anterior, en otro banco cercano le dieron el turno número 1 para pasar a recoger la misma plata. Dice que dependiendo de cómo se mueva esta fila, decide dónde la reclama.



8. Javier Carrillo
Llegó a las 5:20 a.m.
En 2008, la guerrilla mató a la mamá y a la hermana en Cumaribo, Vichada. Se tiró al río y se escondió en una cueva durante dos días. Después se fue para Villavicencio y le pusieron una madre sustituta, porque era menor de edad. Apenas el año pasado aprendió a reclamar subsidios, pero aun así no ha recibido indemnización por la muerte de su mamá.



9. Martha Lucía Rodríguez
Llegó a las 5:00 a.m.
Le tocó el turno 150. Vino con una amiga que se está sintiendo mal porque le hicieron tres cirugías hace poco. Va a averiguar si la policía las deja entrar antes. No reclamaba plata desde hacía un año. Su esposo fue asesinado por extorsionistas del Frente 43, cuando vivía en Neiva y tenían un negocio de mármol.



10. Miguel Méndez
Llegó a las 5:30 a.m.
Él, su esposa y su hija son desplazados por los paramilitares de Caucasia, Antioquia. Hace cinco años y medio tuvo que viajar a Bogotá, porque después de salir del pueblo no consiguió trabajo ni en Rionegro ni en Girardot. Dice que en muchos sitios donde va a pedir trabajo lo discriminan por ser desplazado.

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