Tengo 43 años y la mitad de mi vida fui flaco. Hasta que salí de la universidad lo fui, además, en grado superlativo. Parecía un faquir. Cuando ingresé al mundo laboral comencé a engordar de manera paulatina. Año tras año gané kilos y perdí la línea, la recta sobre todo, para darle paso a curvas voluminosas en los cachetes, la papada y el abdomen. En este gané diámetro. De un faquir enjuto pasé a verme como un marajá robusto. La altura me salvó de parecer uno de sus budas dorados y sonrientes a los que les soban la panza para conseguir fortuna. Estuve muy cerca de cruzar la delgada línea roja de los 100 kilos.

En términos técnicos lo que tengo se denomina sobrepeso, la etapa anterior a la obesidad, y está determinado por el Índice de Masa Corporal (IMC), que en mi caso es de 28,40 kilogramos por metro cuadrado. Este valor es el resultado que arroja una fórmula en la que se asocia mi peso actual (92 kilos) con mi estatura (1,80 metros). Mi peso ideal, según el IMC, debería ser ¡80 kilos o menos!

Como tengo sobrepeso y no me gustan las dietas, era el candidato ideal de SoHo para probar el Redu Fat-Fast, el publicitado “suplemento dietario” de Jorge Hané, el colombiano que se presenta como ‘el gurú internacional de la pérdida de peso’. La cara de este hombre canoso y ojos azules se ha vuelto familiar para los latinoamericanos porque aparece con frecuencia en la televisión por cable promocionando su producto. En la página de internet de Jorge Hané Laboratories dice que el Redu Fat-Fast “ayuda a incrementar tu metabolismo” y “apoya la eliminación de toxinas”. Ambas cosas son resultado de la acción de los dos componentes principales del suplemento: el té verde y el extracto de la Garcinia Cambogia. El primero lo conozco y consumo con frecuencia frío. Del segundo no sabía nada.

En la página de la compañía dice que la garcinia es una fruta de India que contiene ácido hidroxicítrico, que “inhibe la formación de ácidos grasos, reduce la formación de ácidos grasos a partir de los hidratos de carbono y bloquea la acumulación de ácidos grasos en el tejido adiposo. Además, la Garcinia Cambodia no actúa en el sistema nervioso, sino directamente sobre el hígado impidiendo la formación de tejido graso. Es antioxidante también, reduce levemente el apetito por lo dulce, colaborando por este motivo a lograr su figura ideal”.

Ingerí las 90 pastillas que vienen en el frasco siguiendo las instrucciones al pie de la letra: “Tomar una cápsula de 20 a 30 minutos antes del desayuno, almuerzo y cena con dos vasos de agua”. Esto último es un truco recomendado para aumentar la sensación de llenura y comer menos. Algunos usuarios de este producto a los que consulté me advirtieron que con estas pepas mi sistema digestivo funcionaría mejor que nunca. No me pasó. Oriné más, eso sí, porque tomé más agua que de costumbre. Cada semana me pesaron y tomaron una foto para ver si se presentaba algún cambio relevante. Al cabo de un mes, seguía igual que al comienzo de la prueba: con 92 kilos. Algunas personas dicen que me ven un poco más delgado, que bajé medidas, una manera diplomática de decir que sigo viéndome como un marajá robusto, pero que no pierda la fe y siga intentándolo.

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