Solano también cree que el amor es la droga más poderosa con la que un hombre o una mujer pueden experimentar. “Es una locura temporal, pero eso no es necesariamente algo malo. De la demencia han salido grandes cosas, incluso seres humanos. Quizás lo terrible del amor son los efectos secundarios, bastante duraderos por cierto”, afirma.

Su ópera prima, Sálvame, Joe Louis, tiene como protagonista a Boris Manrique, un joven de 22 años que trabaja como fotógrafo de sociales en una mediocre revista de entretenimiento y que, a lo largo de sus caminatas por Bogotá, reflexiona en torno al sexo y al amor, entre otros temas.

SoHo reproduce en exclusiva algunas de las anécdotas y pensamientos de este personaje, algunas veces detestable, pero siempre hilarante y entrañable:

Anécdotas

“Es probable que Julieta haya comprado un acuario donde pueda cultivar sus propias langostas. Espero no haberme equivocado al aceptar su invitación. La última vez que fui también había peleado con Julián, su novio de toda la vida, con el que regresó apenas dejamos de vernos. Esa noche, en la mitad de Los niños del cielo, una de esas insufribles películas protagonizadas por infantes musulmanes, empezó a llorar desconsoladamente y luego se paró, me dejó en la cama y se fue al estudio a escribir en su diario. Me pidió que por favor terminara de ver la película solo y que me quedara a dormir. Y la verdad yo sí quería ver su coño peludo y rosado, pero el sacrificio fue enorme.”

Nos habíamos acostado a las dos, después de tener sexo en unas posiciones que había aprendido en un tratado indio, más antiguo que el Kamasutra, según me explicó mientras ponía su rodilla izquierda sobre mi hombro derecho. Unas posiciones que me avergonzaron y aparte de eso me dejaron con lumbago.

El humo del cigarrillo me ha mareado. Lo apago. Regreso a la habitación y me acuesto a su lado con el temor de despertarla. No sucede. Dormimos una hora y abrimos los ojos casi al tiempo. La nube negra que la ensombrecía parece haber desaparecido. Me baja los pantalones y se mete mi sexo en la boca. Se encarga de él con sorprendente maestría. Ahora es mi turno. Gime con falsedad al sentir mi lengua sobre su coño afeitado a ras, y mientras lo hago pienso que todo el acto no deja de tener una especie de tristeza y ausencia. La comodidad y cercanía ganadas en los días anteriores se disuelven entre besos impuestos y una cadencia torpe y mortificante.”

“Una mañana en que no tenía nada que hacer me acerqué al escritorio de Santos Bustamante y cogí su agenda de cuero. La hojeé despacio. Cada día venía acompañado de una de esas frases famosas, una cita de lo que la gente llama un gran pensador. La mayoría me parecieron vanas, obvias, paternas, sin un resquicio de duda o temor que es lo que busco cuando leo, no importa qué. Esa compañía en la incertidumbre es la que me sosiega. Una, solo una, me dejó helado. Es de La Rochefoucauld. La memoricé: «Hay personas que no se habrían enamorado jamás si no hubieran oído hablar del amor». Me pregunto si soy uno de esos seres, si soy una especie de Madame Bovary, una Emma tan llena de mierda amorosa en la cabeza, de novelas y películas y canciones, con tantas ganas de amar que ve amor en todas partes, amor cuando no lo hay, cuando no existe tal. Una Emma que pone su deseo de amar, toda su alma, en la primera cara que cree que le sonríe, que la trata con amabilidad, sin condescendencia. Que le ofrece calidez y la promesa de un bienestar inexistente. Aunque se supone que la gente se enamora, promete dar la vida por otro. Tantas personas no pueden mentir a la vez, amar es posible, o ¿de dónde provienen las cartas que llegan a la redacción de Control Remoto? ¿Toda la correspondencia a nombre de Victoria Zúñiga de dónde sale? ¿De cabezas calenturientas aterradas de estar solas? Soy un necio, eso es lo que soy.”

Pensamientos

“Con el primer sorbo, una nueva canción taladra mis tímpanos. Y levanta una torre desde el cielo hasta aquí, y me cose unas alas y me ayuda subir a toda prisa.
Alas y más alas. ¿Qué tendrán que ver las alas con el amor? La verdad, no sé. Yo lo asocio con una galleta mojada en leche tibia. Cuando estoy muy decaído, el amor se me aparece en forma de Mr. Merrick, el hombre elefante.”

“Me veo moralmente impedido para hablarle a esa recua de gente, a esa raza maldita que se empeña en creer que existe una cosa parecida al amor. ¿Es que nadie les dijo que aquel vano sentimiento no es más que un invento pagano, que tan solo es la máquina de destrucción más sutil creada por el hombre?”

“Mil veces prefiero la más baja de las lujurias a creer que el amor llega a salvar mi vida como un ungüento. Ya me ha pasado, y las consecuencias han sido escabrosas. El amor es todo menos tranquilidad y paz. El amor tiende una bruma sobre todas las cosas, las vuelve mentirosas, las empaña. Me inquieta verme tocándoles la cabeza a los niños en los parques, sonriéndoles a las flores, a las amas de casa que lavan con mangueras rojas y verdes los garajes de sus casas. Me preocupa andar por la arena con una camisa blanca abierta hasta el ombligo. El amor es una propaganda de detergente, de limpiador de la que no quiero ser protagonista.”

“No hay caso, soy una colegiala enamorada, un flan, un pudín hecho hombre.”

“He pensado que el gran problema reside en que los que escriben las canciones y hacen las películas siempre esconden una carta, callan lo definitivo: el amor tiene fecha de vencimiento y apariencia, tan sólo apariencia, de paz.”

“Se evaporó la comedia teatral romántica que me ayudó a atravesar las últimas noches. No hay ninguna promesa, ninguna esperanza en el horizonte, a menos de que me largue, pero nada me indica una pronta partida. Además no sé muy bien a dónde podría ir si continúo llevándome puesto de esta forma. ¿Qué sigue entonces? ¿Buscar otro nombre, otra cara? ¿Darle más vueltas a este carrusel, saltar de un caballo al otro? Me parece terrible. Aunque hay una cosa peor aún, y es estirarme cuan largo soy sobre esta cama y abandonarme a lo que venga, permitir que crezca en mí esa enredadera que se llama amor, que florezca y después me estrangule. Dejarme secar, perder el hambre y el sueño definitivamente, la cabeza de una vez por todas. Encontrar un motivo para odiar a Lucía, un lunar peludo, una viuda negra en su pecho.”

“Me quedo viendo a Marcello Mastroiani y Anita Ekberg, empapados, sonrientes y pienso que el amor es el engaño más grande de todos los tiempos, una máquina perfectamente aceitada que nos tritura.”

“De un momento a otro sé que el amor, esa bendita palabra, se cristaliza a partir de hechos tan estúpidos e infantiles, en apariencia intrascendentes pero que el tiempo se encarga de revelarlos como poderosos y definitivos.”

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