Cuando Cameron Diaz se presentó a la audición frente a Martin Scorsese para el papel protagónico de Pandillas de Nueva York, lo hizo como cualquier desconocida. A pesar de haber compartido carteles junto a Al Pacino, Julia Roberts y Tom Cruise (en Any given Sunday,



My best friends wedding y Vanilla sky, respectivamente), Cameron, que en ese momento filmaba Los Ángeles de Charlie, no tuvo ningún problema en hacer la fila y leer como todas las demás. Igual obtuvo el papel. ¿Y qué se le va a hacer? Cameron es hermosa, sexy, millonaria y terca, sobre todo terca. Tan terca es, que cuando alguien le dijo que no podía ser una supermodelo a los 15 años, ella se fue para Japón durante un año a cuenta de Elite Models. Quince años más tarde, y a pesar de haber salido en las portadas de revistas como Mademoiselle y Seventeen, pocos recuerdan el paso de Cameron por las pasarelas o los avisos de Calvin Klein, Levi's o Coca-Cola. Desde su debut en The Mask en 1994, la Diaz ha logrado que todo el mundo se enamore de sus largas piernas, sus ojos azules y su carisma de actriz. Ya sea en comedias comerciales como Loco por Mary (1998), en filmes independientes como La última cena (1996) o en cintas intermedias como A life less ordinary (junto al elenco de Transpotting en 1997) su belleza y talento la han convertido en una de las estrellas más importantes de Hollywood. Para nosotros nunca necesitó audición.

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