EL CHICO (1921)

Todas las películas con niños viendo el lado duro de la vida tienen antecedentes directos en esta obra maestra. Es el primer largometraje protagonizado por Charlot., el personaje más conocido de Chaplin. Divertida y agridulce, sus escenas son tan universales que no importa si ya la vio, seguramente se ha encontrado en algún lugar con la imagen del vagabundo y el niño asomándose desde una esquina. El éxito de la película fue tal que Chaplin comenzó una gira por Europa y Estados Unidos con la asistencia de multitudes que querían conocerlo.

LA QUIMERA DEL ORO (1925)

Es un clásico desde su aparición. Un hombre que podría ser cualquier cosa menos un minero va a buscar su fortuna en la fiebre del oro de Alaska. Todo le sale mal y termina atrapado en medio de un invierno crudo en el que debe sobrevivir a las penurias de la nada y a los peores instintos humanos. Con grandiosos efectos especiales para su época, puestos al servicio de las ocurrencias de Chaplin, dejó escenas que han sido imitadas en cuanta comedia y caricatura exista y le enseñó al mundo a bailar en una mesa con un par de panes y tenedores.

LUCES DE LA CIUDAD (1931)

Puede parecer la historia de una telenovela, pero no: es una de las más divertidas y emotivas películas de amor jamás hechas, y no le estamos hablando de comedia romántica cursi. Acá, Chaplin pone lo mejor de todo su trabajo, lleno de su excelente sentido del humor y sus habilidades histriónicas para dejarnos una de sus moralejas más sabias: hay que ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, sin importar de quién se trate, ni quién sea uno. Cuando termine de verla, seguramente recordará su grandiosa escena final durante mucho tiempo.

TIEMPOS MODERNOS (1936)

Charlot ya era un símbolo de la cultura popular y se negó a hablar por mucho tiempo, aunque el sonido había llegado al cine nueve años atrás. Esta película fue la oportunidad para que se escuchara la voz del vagabundo por primera vez, y cuando la vea se dará cuenta de la forma tan original en que Chaplin rompió uno de los silencios más misteriosos de la historia del cine. Pero hay más méritos en esta obra: lejos de discursos nacionalistas e ideológicos, verá una de las críticas más sinceras, reflexivas y divertidas al capitalismo; ninguna revolución o teórico de la materia podría superarla.

EL GRAN DICTADOR (1940)

Muchas películas han criticado a Hitler y a los nazis, pero ninguna lo hizo cuando el Führer estaba vivo y en la cima del poder. Ninguna, excepto esta: su rodaje empezó ocho días después de que estallara la Segunda Guerra Mundial y fue una suerte de premonición sobre el horror del que más adelante se enteraría el mundo. Fue la primera obra completamente sonora de Chaplin, en la que denuncia la persecución a los judíos y se burla de la irracional sed de expansión nazi haciendo la parodia perfecta de sus símbolos y de su líder.

“Soy una cosa y sigo siendo solo una cosa: un payaso. Eso me pone en un plano mucho más elevado que cualquier político”.

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