Me encanta aprender palabras. No tengo el Diccionario de la Real Academia, ni el Corominas, ni el de Andrés Bello, nada de eso; yo, como corresponde a alguien que nunca jamás pudo llenar un álbum, tengo un puñado de palabras que atesoro como un niño guarda las canicas que más le gustan. Existían bolas chinas, hawaianas, colombianas, lupas, minis, bombos y carambombos; yo conservaba una fea y despicada porque me daba suerte, y otra porque jamás había visto una tan hermosa y perfecta. Así colecciono palabras. Sin angustias, porque el idioma es un álbum imposible de llenar. Aunque puedo decir que tengo algunas como quien tiene un Figurine Pannini de los difíciles.
Por ejemplo, hace tres años, una amiga me contó que el huequito ése que tiene uno en la pierna detrás de la rodilla, la parte cóncava de la articulación, esa otra axila, se llama fosa poplítea. Y me gusta decirla casualmente: "Oh, estuve jugando un partidito de pimpón y me quedaron doliendo las fosas poplíteas", o "Me picó una pulga en la fosa poplítea". Elegante, ¿no?
Un poco antes, había aprendido una bacanísima leyendo a Cabrera Infante: esteatopigia. Esteatopigia es, según mi Diccionario Encas (le estoy muy agradecido, él ha sido mi punto de referencia idiomático durante toda mi vida, con todo y que es de Osiris Editores S. A.) "Acumulación anormal de grasa en las nalgas". Cabrera Infante la utiliza para decir que el culo de las nenas es grande: "Después la universidad urbana me enseñaría a apreciar las nalgas gordas, grandes, los culos, la estética de la esteatopigia". Me imagino conociendo a Jennifer López y diciéndole que me encanta su esteatopigia. Qué tú quieres say to me, baby?
Otra de carácter anatómico. En la barba, en el vello de una rodilla o hasta en los hirsutos pelos púbicos, ¿no les pasa que a veces un pelo va a salir y como que se atranca y forma un barrito? Cualquiera que se limpie el ombligo en intervalos decentes habrá reparado en esos barritos de que hablo. Para más señas, cuando uno los espicha sale el pelito que estaba enquistado. Bueno, esos se llaman comedones. Esa me gusta por la resonancia, y porque comedón tiene un eco gastronómico que, combinado con las enfermedades cutáneas es casi surrealista.
Ahí van un par que vienen de lugares menos cultos: icopor y herpo.
El nombre correcto del icopor es ‘espuma de poliestireno‘, el icopor no es el nombre de un material como látex o lycra, es el acrónimo de la empresa Industria Colombiana de Porosos: I-co-por. Esa se sabe fácil: comprando ‘icopor‘ en una papelería boliviana.
Los herpos son esas galletas cuadradas que están rellenas de jalea de guayaba y arequipe, y que junto al liberal y el quesadillo constituyen un punto de congruencia entre la caseta de dulces y la panadería. Mi profesor de Historia de la Literatura me contó que él había estudiado con el hijo del dueño de la fábrica de herpos, el ‘inventor de los herpos‘, dijo; el tipo se llamaba como su padre, HERnán POveda. Obviamente, al tipo le decían ‘Herpo‘.
Odio la palabra oso fuera de su contexto zoológico. Prefiero la muy teatral ‘ridículo‘, a oso. Y su presentación con chantilly y cereza encima es oso ajeno. Quiero estrangular con mis propias manos a la gente que dice ‘Me dio oso ajeno‘. Hay un sinónimo que ha sido bastante esquivo para mí, y aún me falta investigar, y lo he visto en dos variantes: en Máscaras, una novela del cubano Leonardo Padura Fuentes; y en Historia Personal del Boom, de José Donoso. Para referirse a la ‘vergüenza propia por el ridículo ajeno‘, Padura utiliza líporis; y para hablar de un tipo que estaba payaseando en una reunión, Donoso utiliza en el mismo sentido alepore. Se parecen, pueden venir de la misma fuente, pero no están en el Encas, ni en el de la Real Academia, ni en internet. A mí me gusta más líporis.
Bacano me parece una palabra muy bacana. Mi diccionario Encas registra ‘Bacán, Bacana‘, dice que viene del Río de la Plata (?) y que es ‘lo lujoso o de gran precio‘ (pero hay un montón de cosas lujosas y de gran precio que no son bacanas). En su segunda acepción se aplica a la ‘persona de condición acomodada o que se da buena vida‘. Bueno, conozco mucha gente que vive vaciada o que se atormenta demasiado, y es gente muy bacana.

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