Nací en Los Ángeles y me siento orgulloso de mi terruño, mi raza, mi gente. Por ese motivo quiero protestar de la manera más enérgica por la pésima imagen que de mi ciudad ofrecen, desde hace casi un siglo, los estudios de Hollywood y diversas series de televisión. ¿Cómo es posible que en los teatros y televisores del mundo entero lo único que se muestre de Los Ángeles sea gánsteres, pandillas callejeras, inmigrantes chicanos y asiáticos, asesinos en serie, policías corruptos, políticos al servicio de intereses privados y la mafia, vagabundos, drogadictos, negros que rompen vitrinas, mujeres ligeras de cascos y conductores que violan todas las normas del tránsito? ¿Qué pensarán de Los Ángeles esos miles de millones de personas desde hace un siglo bombardeadas día y noche de manera tan brutal por estas imágenes negativas y tendenciosas? ¿Qué pensarán ellos de la cohesión social de nuestra comunidad?

Pero ya basta. No podemos tolerar que en la mente de cinéfilos y televidentes del mundo Los Ángeles sea sinónimo de explosiones en autopistas, parques y bulevares, balaceras a plena luz del día. No más excesos de extremo delirio como la película Trueno azul, en la que el piloto de un F16 le dispara misiles a un helicóptero y, al no dar en el blanco, destruye un hermoso rascacielos de nuestro ubérrimo Distrito Financiero. Escenas irresponsables como esa ponen en serio peligro la confianza inversionista de la ciudad.

Y ni hablar del cine de autor, que ofrece una visión mentirosa de Los Ángeles, según ellos habitada por retrasados mentales, drogadictos, psicóticos y perdedores como los personajes que desfilan por The Million Dollar Hotel, Mulholland Drive o Magnolia.

Ah, y qué tal la ciencia ficción. Blade Runner presenta a Los Ángeles de un futuro cercano como un chiquero pestilente en manos de vendedores ambulantes de comida japonesa. Y en Rescate en Los Ángeles nuestra ciudad es… ¡una cárcel de máxima seguridad!

Las series de televisión no se quedan atrás. Área 12 la protagonizan unos policías de tránsito retrasados mentales que lo único que balbucean, capítulo tras capítulo, es la frase "un 2-12 en la calle esta", "un 2-12 en la calle aquella". En Guardianes de la Bahía los salvavidas de nuestras hermosas playas de Venice son unos fisiculturistas infestados de esteroides anabólicos y unas prepagos rellenas de silicona y con ninguna neurona en el cerebro. Según Clase de Beverly Hills, los hijos de nuestra ejemplar clase dirigente son una parranda de mentecatos inmorales y frívolos que no saben en qué malgastarse las fortunas de sus padres.

Por favor, señores de Hollywood y de las cadenas de televisión, ¿acaso Los Ángeles y su gran área metropolitana no tienen instituciones dignas de mostrarse como la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA), el Instituto Tecnológico de California, el Jet Propulsion Laboratory, los telescopios de Monte Palomar y Monte Wilson? ¿Cuántos premios Nobel de Física, Química, Medicina y Economía no se han gestado en sus laboratorios e instalaciones? ¿Acaso no albergamos magníficas instituciones de prestigio mundial y que nos enorgullecen como la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, museos de arte moderno, galerías? ¿Por qué el cine y la televisión no se apropian de esas historias de vida que allí se gestan?

Pero no, al único estudiante de UCLA que Hollywood ha exaltado es al drogadicto y degenerado Jim Morrison, en la película The Doors. Personaje que no solo ha sido una mancha en la excelsa lista de estudiantes de UCLA, sino que no era natural de esta ciudad sino un inmigrante proveniente de Melbourne, Florida, y que en mala hora llegó a nuestras costas.

Y anoto lo anterior porque, además, me duele y ofende la manera tan desagradecida como esos directores, productores y actores llegados de otras latitudes le han pagado a la ciudad que les abrió sus brazos. Hijos de obreros y campesinos iletrados de Iowa, Idaho, Dakota del Norte, Carolina del Sur, desempleados de Gran Bretaña, Alemania, Irlanda, Rusia… se toman el atrevimiento de insultar de esa manera la tierra que les permitió labrar su fama y su fortuna.

¡Por favor! En Los Ángeles somos madrugadores, trabajadores, recursivos, echaos p‘alante. Somos más los buenos que los malos. ¡Los Ángeles es el mejor vividero del mundo! ¡Dejen trabajar!

Por ese motivo he iniciado esta campaña para que las fuerzas vivas de nuestra hermosa ciudad vetemos desde hoy, y por tiempo indefinido, esas películas que muestran una imagen tan negativa y tendenciosa de tan pujante región.

Con el mayor respeto y consideración le pido su apoyo y solidaridad para que sea usted, señor gobernador de California, quien lidere esta noble y necesaria cruzada. ¡Adelante, Schwarzenegger!…

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