El Ice hotel queda en Jukkasjärvi, a unos  15 minutos de Kiruna,  un pequeño pueblo en Suecia,  200 kilómetros dentro del círculo polar ártico. La travesía hacia el Ice Hotel, en mi caso, empezó a las 6:50 a.m. en el aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo. Un vuelo directo que debía durar apenas un par de horas terminó convirtiéndose en un viaje de escalas y lista de espera entre Österund, Omsköldsvik, Humea, Lüleá y, finalmente, Kiruna (8:00 p.m.).

Desde el aire todo es blanco, no hay horizonte, parece una inmensa nube que nos envuelve. El hotel no se ve desde el cielo, a pesar de que es un iglú gigante que se mimetiza con su entorno. Llegamos alrededor de las 9:00 p.m., en medio de una tormenta de nieve, algo que para uno como colombiano puede sonar preocupante, pero allá es cosa de todos los días, como cualquier aguacero bogotano. Estaba muy oscuro, y entre la nieve y el viento era imposible ver más de un par de metros hacia adelante. Una vez entramos en el hotel, el sonido ensordecedor del viento desaparece. El silencio y una luz azul invade cada rincón. Los primeros pasos dentro del hotel de hielo son alucinantes. Mesas de 16 puestos con sillas de espaldar alto, lámparas de lágrimas que cuelgan del techo y esculturas de hielo que van cambiando de forma y de ubicación cada día. Es como entrar en otro siglo, en un castillo de hielo que no tiene nada que envidiarle al reino de Narnia. Hay habitaciones de todo tipo, cerca de 80. Todo es de hielo, incluida la cama cubierta con pieles de oso y venado. Afortunadamente habíamos llevado nuestros sleeping bags, dos pares de medias, pantalones de esquí, camiseta, saco con capucha, una chaqueta y bufanda. Es tal el frío que a uno no le dan ganas ni de sacar un dedo.

El hotel no permite que uno se quede más de dos noches seguidas. Por eso, afuera se encuentra todo. Cabañas en las que se puede dejar el equipaje guardado, un restaurante, la cocina y los baños. También está el icebar, que, como es de esperarse, es todo de hielo, empezando por la barra, las mesas y sillas, hasta terminar con vasos de hielo. Únicamente se sirve vodka, Absolut claro está, y en el precio del primer trago viene incluido el vaso. Los dos siguientes tragos se sirven como "refill" en el mismo vaso a un precio menor. Depende de la velocidad a la que uno tome, para el tercer vodka ya es necesario pagar por un "vaso helado nuevo". 

A la mañana siguiente nos encontramos en medio de un pueblo hecho de hielo. Hay esculturas de hielo enormes, una capilla, caminos y un par de metros más adelante está Jukkasjärvi, con apenas dos o tres calles, casas de madera, un minimarket y una pequeña iglesia. Entre las delicatessen locales están los artic chips, una especie de pepperoni de venado seco y jamón de caballo. El hotel está bordeado por el río Torne de donde salen todos los años bloques enormes de hielo que sirven para la construcción del hotel, ya que cada agosto lo construyen de nuevo y de forma diferente, y cada primavera al derretirse vuelve al río. Esta es una razón más para hacer de la estadía en el hotel de hielo una experiencia única.

Ice Hotel
Habitación: desde US$180 a US$950
Rarezas: El hotel solo abre de diciembre a abril. Cada vez que lo hace, tiene un diseño distinto en las habitaciones. En ninguna habitación hay minibar.
Huéspedes ilustres: Jackie Chan.

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