Tuve la oportunidad hace dos años de quedarme durante tres días en el mejor hotel del mundo. Todo lo que tiene que ver con el hotel Burj Al Arab, en Dubái, es superlujoso, empezando porque me recogieron en el aeropuerto en un Rolls Royce, que además tuve a mi disposición todo el tiempo que estuve hospedada. Para entrar al hotel, hay una carretera desde tierra firme, donde está la portería, hasta unos 200 kilómetros adentro del mar. Una vez uno la cruza, llega al valet parking del hotel. Para entrar, si uno no se está hospedando, hay que tener reserva mínimo para tomar té (que cuesta 60 dólares por persona) o para comer en alguno de los ocho restaurantes.

En el lobby hay unas fuentes de agua que hacen como un show sincronizado y muy bonito, porque al final se dispara un chorro altísimo con luces, es espectacular. También hay muchas joyerías y almacenes donde todo es carísimo. Entre el lobby y el primer piso hay unas escaleras eléctricas que en lugar de paredes, tienen peceras gigantes a lado y lado.

El hotel no tiene habitaciones normales, sino que todas son suites. La mía tenía una sala, estilo árabe recargado. Había flores por todas partes y canastas de frutas. La cama era deliciosa, dormí como una reina. El baño era grandísimo, como de unos 70 metros cuadrados. Tenía tina, jacuzzi, dos lavamanos y una ducha inmensa. Las cortinas, las luces y todo lo que es eléctrico se maneja con control. Las fragancias son l'Occitane, jabones, cremas, etc. En el minibar hay cosas que en otros hoteles toca pedir o incluso no se pueden encontrar, como champaña Cristal y Dom Pérignon, o whisky sello azul.

En la playa me pasaban toallas frías para la cara, para refrescarme porque el calor en Dubái es increíble. Cuando estaba en la piscina pasaban a limpiar mis gafas de sol, y me ofrecían agua y frutas. El spa es todavía mejor. Me hice masajes en unas camillas que parecían camas. Una cosa no salió tan bien: me mandé alisar el pelo, me costó 150 dólares y me quedó inmundo, me lo lavé después. En el gimnasio hay un entrenador para cada huésped, pero no sé para qué pues los aparatos hablan y preguntan qué ejercicio quiere uno. En cada sitio ofrecen una narguile para fumar. La decoración es exagerada, aquí se vería como mafiosa, las cosas son en oro, terciopelo, diamantes y columnas doradas.

Hay dos restaurantes muy bonitos, uno submarino y otro en el último piso. El de arriba tiene una vista de unos 180 grados; a la derecha, hacia las islas The World, y a la izquierda, a las islas en forma de palmeras y una parte de Dubái. Ahí lo más barato es una especie de combo ejecutivo que incluye una copa de trago, un plato fuerte y postre. Para tres personas, sale en 450 dólares más o menos. Volvería feliz si pudiera. Allí uno se siente lo más importante, están pendientes de todo. ¡Eso sí es un hotel siete estrellas!

Hotel Burj Al Arab
SUITE: US$5000
Rarezas: El hotel tiene incluido en el precio de la noche el servicio de un chofer en un Rolls Royce las 24 horas. Si va más lejos, hay un helipuerto, eso sí, el costo es aparte. Lo más caro que hay en el minibar es la champaña Premium Selection de US$100.
Suites: 202
Huéspedes ilustres: Faustino Asprilla, además de estrellas como Madonna y Paris Hilton.

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