Empecemos por lo más básico: ¿qué es una caloría?

En palabras de profesor de Química con aliento a tinto, es una medida térmica para calentar un gramo de materia en un grado centígrado. Pero como sabemos que lo último que usted quiere es que lo bombardeemos con recuerdos de buretas y ácidos ribonucleicos, va una definición mucho más sencilla: es lo que le da la energía al cuerpo para llevar a cabo todas sus actividades: desde una tan simple como abrir los ojos hasta una proeza como, digamos, montarse a un TransMilenio en hora pico.



¿Cuántas calorías quema un ser humano por no hacer nada, simplemente por vivir?

Un colombiano promedio —es decir, un tipo que mide 1,70, se baña con chanclas, se suena en la ducha y baila merengue con los ojos cerrados— puede gastar alrededor de 1000 calorías por el mero hecho de respirar, de bombear sangre, de hacer —las funciones— del cuerpo.



¿O sea que uno debe consumir al menos 1000 calorías al día?

Digamos que un empleado público calientapuesto, que pasa los días inmóvil, esperando a que sean las 5:00, necesita un poco más de 1000 calorías. Hay que tener en cuenta que hasta roncar, levantar el teléfono para decir “disculpe, no manejamos ese servicio, no le podemos colaborar” y repetir “¿quién pidió pollo?” cada vez que pasa la vecina con minifalda requiere el uso de energía calórica extra. Por eso, los expertos calculan que un humano, incluso un burócrata criollo poco comprometido, debe ingerir alrededor de 2000 calorías diarias.



¿Perder o ganar peso es el resultado de una simple operación matemática: calorías que me clavo menos calorías que gasto?

En un sentido muy básico, tan básico como un congresista colombiano, sí. Por eso, lo ideal es que haya un equilibrio entre lo que entra y lo que se quema.



¿Qué pasa entonces si me muevo poco, pero como mucho?

¿No es obvio? Si se somete a una ingesta diaria de un calentado montañero con doble huevo, una bandeja paisa completa y un merengón de Renault 4, no solo sufrirá de una descarga gaseosa capaz de abrirle un buen hueco a la capa de ozono, sino que deberá subir trotando a diario al páramo de Pisba para no hincharse como párpado presidencial. Tenga en cuenta que todo exceso de calorías se convierte en grasa, y que esa grasa el cuerpo la acumulará en los neumáticos estomacales, en los muslos tipo María Isabel Urrutia, en la papada tipo procurador…



¿Y si, por el contrario, como poco pero me muevo mucho?

Qué dijimos: ¡equilibrio! Así usted sea más vanidoso que Franklin Ramos, más posudo que Manuel Teodoro, tenga claro esto: la dieta de aguantar hambre no lo hace más pintoso; al revés, es malísima y no adelgaza necesariamente. Lo que pasa es que, cuando el cuerpo no encuentra calorías provenientes de los alimentos, se empieza a comer, literalmente, la masa muscular, pues ahí encuentra las proteínas que usted no le metió vía oral. No se chupa la grasa, como muchos podrían pensar; de hecho, la grasa es de lo último que el cuerpo utiliza en ese caso. Así que deje de comer y verá que, en vez de volverse un flaco Agudelo, va a perder los músculos hasta quedar con brazos fofos y descolgados, como de tía abuela en vestido de baño.



¿Pero, aun así, si no como pierdo peso?

No necesariamente: cuando el cerebro ve que hay largos periodos sin alimentación, ordena al resto del cuerpo empezar a almacenar todo lo que usted se come de ahí en adelante para tener reservas. ¿Ha visto en NatGeo, tarro de helado en mano, que las ballenas se ceban en el invierno para aguantar mucho tiempo sin comer? Pues lo mismo hará su cuerpo: guardar reservas y coger forma de ballena. No coma y verá que, en vez de bajar esa panza, sus amigos más recocheros terminarán poniéndole apodos tipo Freewilly, Valenciano o el colombianísimo Milton… Miltoneladas.



¿Por qué dicen que el desayuno es la comida más importante del día?

Porque lo es. Resulta que apenas usted se levanta, el cerebro le da la orden al resto del cuerpo de usar la glucosa disponible para las primeras actividades matutinas —desperezarse, quitarse las lagañas, poner a hervir un huevo duro— durante no más de 45 minutos. ¿Y después? Búsqueda de proteínas en los músculos, desgaste, brazo de tía.

¿Entonces es verdad esa frase gastada de que hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y comer como un mendigo?

Es verdad, sí, pero sin excesos a ninguna hora, pues podría terminar como el rey carolingio Carlos III, mejor conocido como el rey Gordo. Nutricionistas de fiar —ojo, no confundir con nutricionistas que fían— recomiendan un desayuno completo, con panes integrales, frutas, cereales y quesos, pero sin tamales ni arepas de huevo todos los días. El almuerzo debe ser completo.Métale proteínas, verduras, incluso harinas —si es arroz, ojalá integral; si es papa, ojalá hervida y con cáscara—, pero no se exceda en hamburguesas, salsas, fritos, gaseosas y postres si no quiere tener tardes que se parezcan al canal del Congreso, por lo somnolientas. ¿Y de comida? Métase algo suave, como la barriga del rey Gordo.



Ya que se mencionaron las hamburguesas, ¿qué tan cierta es esa leyenda de que una hamburguesa engorda más que una ensalada César?

Puede ser, aunque parezca más absurdo que el peluquín de Fruco, el de Fruco y sus ‘tiesos’, unos salseros que ya tienen sus añetes. Hay ensaladas, como la ensalada César con anchoas o la ensalada César Millán, que en términos alimentarios pueden llegar a ser de perros: tienen tanta salsa y esa salsa tanta grasa que da lo mismo comerse una que, digamos, una fritanga de estadio. Por otro lado, si la hamburguesa se come cargada de verduras y sin exceso de salsas ni acompañamientos fritos y gaseosos, puede resultar incluso un plato balanceado. Conclusión: tanto la ensalada como la hamburguesa cómasela como Fruco después de un concierto, sin tanta salsa.



¿Debo comer entre comidas?

Exacto. Si se come una fruta, un queso no muy grasoso o un puñado de frutos secos a media mañana y a media tarde mantendrá el metabolismo acelerado y contribuirá a la economía en el mercado casero, pues no llegará a su casa por la noche con hambre de luchador de sumo.



¿Hay calorías buenas y calorías malas?

El cuerpo, como político en elecciones, necesita apoyo de todo tipo de sectores para funcionar, incluso de los que provienen de los engrases. Lo que es malo es el exceso de lo que sea, y más de engrases. Coma de todo, pero balanceado, no abuse de dulces, de fritos, de paquetes… Hay que aclarar, sin embargo, que sí hay alimentos que proveen calorías más sustanciosas que otros para que el cuerpo funcione bien. Las frutas y verduras tienen calorías muy nutritivas, por ejemplo, mientras que el alcohol llena el cuerpo de calorías vacías, que rascan e inflan, pero no nutren.



¿Entonces no me puedo echar mis tragos?

Colombiano que se respete se mete su pea mensual, chicanea con que bebe más que el vecino, le echa los perros a la cuñada, y no pretendemos cambiar tan sanas costumbres culturales. Sepa, de todas maneras, que debe intercalar la ingesta alcohólica con agua: una copa de guaro, un vasito de agua, un poco de John Thomas, otro vaso de agua, y así toda la noche. Eso le ayuda a que se rasque menos, acose menos a su cuñada y tenga menos guayabo al otro día —incluso moral—, pues el guayabo es producto de la deshidratación.



Con o sin agua, ¿qué tragos engordan menos?

Los expertos recomiendan tragos más largos, más duraderos y menos azucarados: un whisky o un vodka antes que un ron, un aguardiente o un coctel dulce y señoritero. Pero, en últimas, tome lo que le gusta: si lo suyo es el guarapo, pues chupe guarapo, no se restrinja, simplemente no se lo jarte con ansiedad de adolescente en visita de sofá; hágale despacio, no hay afán.



Los estudiantes colombianos que se van de intercambio y llegan con el doble de quilaje suelen decir: “Es que allá hasta el agua engorda”… ¿El agua engorda?

No, que se busquen otra excusa. Además, es clave estar hidratándose todo el tiempo, pues el agua, que ocupa el 70 % del cuerpo, sirve, digamos, como lubricante de toda la maquinaria que hace que usted pueda vivir.



¿Por qué si yo como exactamente lo mismo que otra persona y hago exactamente la misma actividad puedo quemar un número diferente de calorías?

Porque el tema de quemar calorías funciona como los calzoncillos: es una cosa personal, intransferible, a veces incómoda como materia de conversación. Y depende de varios factores, como la edad, el género, la estatura, el peso que cada cuerpo tiene que mover, el estrés, la actividad física, el comportamiento hormonal y, por supuesto, la calidad de los alimentos que cada uno se coma.



Ahora está de moda ser vegetariano, vegano, crudívoro, frugívoro... ¿Es tan malo comer carnes, sobre todo rojas?

Las carnes son grandes fuentes de proteína, y, por lo mismo, son necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Pero si no puede con el pollo o el pescado, por ejemplo, debe reemplazarlo por otros alimentos de contenidos calóricos y proteínicos similares, como algunos granos. Eso sí, consulte a un nutricionista en caso de abandonar estas carnes del todo; él le ayudará a que no se descompense. ¿Y qué decir de las carnes rojas? Que es mejor no abusar de ellas, pues con estas pasa lo mismo que después de entrar al baño en pantalones caquis: hay que tener muchísimo cuidado con la gota.



¿Por qué se ven tantos deportistas aficionados que, aunque hacen deporte varias veces a la semana, exhiben unas panzas inmensas?

Porque hay personajes que creen que si montan media hora en bicicleta estática, por ejemplo, pueden darse el lujo de comer como si no hubiera mañana, y la última cena del señor Barriga se les queda en pañales. Pregunta: ¿usted ha visto a un jugador de Millonarios o de Santa Fe salir de un clásico directo a embutir en el Palacio del Colesterol? Ah, ¿entonces?



¿Cuanto más uno suda, más se adelgaza?

No necesariamente: ¿o usted cree que su compañero de oficina nervioso, ese nerd que saca mapa cada vez que tiene que preguntarle algo a un superior, se la pasa adelgazando? No. Cuando uno suda lo que elimina, principalmente, es agua.



Si no me quiero someter a una dieta estricta, pero siento que me sobran un par de kilos, ¿qué alimentos debo eliminar?

La dieta de la che puede ayudarlo: deje el chicharrón, el chunchullo, la chanfaina. Y abandone los dulces y verá. Entienda que esas brevas con arequipe que se zampa sagradamente después de almuerzo pueden ser más adictivas que un mal noviazgo. Lo que pasa es que el cuerpo utiliza el azúcar muy rápido, y cuanto más dulce usted le dé, más acelera su uso, y más empieza a pedir. Pilas con eso. Nadie le está diciendo que no se coma un chorizo o un dulce de vez en cuando, pero sepa a lo que se está enfrentando si su plan es bajar de peso.



¿Es verdad que es mejor comer despacio?

Así usted se crea muy inteligente, y su mamá le lleve diciendo desde que nació que no conoce a alguien más avispado, sepa que su cerebro no es un Usain Bolt, y se demora un rato en avisarle a su estómago que ya está lleno. Si usted se alimenta demasiado rápido, comerá más de la cuenta y, cuando el mensaje que le advierte que deje de comer llegue a su barriga, usted ya estará repleto, pesado, insoportable, no le cabrá ni un arroz parado; mejor dicho, usted será un TransMilenio.



Dicen que dormirse recién comido es malo, pero también que la siesta es buena, ¿cómo así?

Suena contradictorio, cierto, pero es verdad. Nos explicamos: los nutricionistas recomiendan un reposo de unos 20 minutos después del almuerzo, en el que no hay que dormirse necesariamente. La idea es hacer una recarga de energía, pues se viene la tarde con sus actividades. En cambio por la noche, después de la comida —o cena, si usted, por más criollito que sea, se siente de linaje español—, uno generalmente pasa del plato al reposo, entonces es mejor comer temprano y esperar una hora antes de clavar pico, así su cuerpo no hace toda la digestión mientras usted duerme, cuando menos calorías está gastando.



Si alguien tiene su buena pancita cervecera, pero no le incomoda ni le da vergüenza, no importa, ¿cierto?

Quedemos en algo: los hombres, por razones técnicas con las que no lo pensamos aburrir, tienden a acumular la grasa en la barriga, y es muy difícil tener un abdomen plano después de cierta edad. Lo de la panza de papá es cierto. Pero si sus llantas ya no parecen de bicicleta sino de tractor, si se le dificulta verse los pies —y las partes—, si su circunferencia estomacal es de más de 90 centímetros, ¡pilas!: los riesgos de tener problemas cardiacos y respiratorios son inmensos. Es en serio, en ese caso corra al médico, o camine, mejor, porque con esa panza…



En términos calóricos, ¿la sal es tan mala como dicen?

Ningún alimento es malo per se. Lo que pasa es que el cuerpo necesita el equivalente a una cucharadita de sal diaria, por lo que su abuso no solo es exagerado si hablamos en términos de dieta, sino que aumenta la tensión, cosa harto peligrosa para la salud.



Dicen que las frutas son buenísimas, pero también que tienen un montón de azúcar. ¿Me debo moderar en su consumo?

Frutólogos de reputación internacional que aportaron su conocimiento a esta investigación —como Fruto y sus tesos— coincidieron en que no solo son buenas, son buenísimas: tienen antioxidantes, vitaminas, minerales, son claves para el engranaje del metabolismo, dan una energía indispensable… Por eso, recomiendan comerse al menos un par de porciones diarias. ¿Entonces por qué el mito? Porque sí hay frutas que tienen mucha azúcar, como el banano, las uvas o el mango, entonces si usted tiene problemas de glicemia alta, seguramente su médico le va a recomendar inclinarse por otras.



Para concluir y dejar todo claro: ¿no me puedo comer una bandeja paisa completa, por ejemplo, por la cantidad de calorías que tiene?

Nosotros de usted no nos la comeríamos entre semana, pero solo por garantizar la pureza del aire de su oficina. Pero si le gusta mucho, hágale, sin miedo, clávese su bandeja. Eso sí, trate de equilibrar: desayune ese día fruta y tostadas, cómase una ensalada al día siguiente; trate a su cuerpo con cariño, dele más verduras y proteínas, bájeles a las harinas después de una ingesta hipercalórica. Igual, busque siempre la opinión de un experto, no sobra una ida al nutricionista de vez en cuando, todos los cuerpos son diferentes, hasta el del profesor de Química con aliento a tinto que nos dio algunos de los conceptos en los que se basa este cuestionario.

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