Catalina Maya está despechada, y su exesposo, el manito Adrián Fernández, destilando olor a aceite de batería, anda con una modelo mexicana. Cata, que enamorada se fue persiguiendo al piloto mexicano, no lo pudo alcanzar: era un piloto de carreras. Me identifico con el despecho de Cata. Yo he sido presa del mismo dolor. Yo también he sido víctima del amor. O mejor, del desamor. Catalina, a manera de terapia de grupo, aquí va mi testimonio: El anuncio del matrimonio de Geraldine Zivic me devastó. Lo reconozco. Como un niño, me había hecho ilusión con ella. Con su amor. Pensaba que si ella se había enamorado de Julián Román, por transitividad, también podía enamorarse de mí. Me equivoqué. Y me lo recrimino. —Tonto —me sorprendía repitiendo frente al espejo—. Iluso —repetía mientras me cortaba las arterias con una Gillette—. Bobo —me recriminaba mientras pensaba en saltar al vacío del Tequendama, sin decidirme si del Hotel o del Salto.

Amaba a Geraldine. Habríamos sido felices. Aunque ella es un poco más alta; sí, lo acepto. Juntos nos habríamos visto como el matrimonio de Ramiro Meneses y Margarita Ortega: ella parece una mamá canguro llevándolo a él en su marsupio. 

Pero el amor es así. 

Yo, lo confieso, tuve intentos desesperados. Bajo el principio de un clavo saca otro clavo, busqué enamorarme de Natalia París. Mujer valiente, empresaria, madre soltera que ha hecho su fortuna vendiéndoles cremas anticelulíticas a las esposas de los oficinistas que circulan chistes de ella. Me gusta de Natalia que se ríe de sí misma. Aunque no siempre entienda sus chistes. Pero nunca hubo clavo. Pensé, entonces, en Jessica Cediel, pero me enteré de que se puso biopolímeros y quedó con protuberancias en el derrière. Todo por ganar el concurso TV y Novelas. Y ahora el ICBF amenaza con quitarle la custodia de Pipe Bueno. Abandoné la idea de estar con ella. 

Estaba perdido. Desdichado. Hecho un ovillo. Pero acá, Catalina, viene lo relevante del asunto. Un día, ¡apareció Papá Jaime Jaramillo! Catalina, aprende de mi lección de vida. Papá Jaime me dijo: “Vivir la vida a plenitud es un arte en el que te vuelves un gran artista, en el que ves y experimentas tu vida desde tu corazón, desde tu conciencia”. Sé que suena más bonito Petro cuando tutea a Gina. Pero el mensaje es contundente. Nos dice el prohombre que la vida hay que “saborearla, experimentarla, palparla y disfrutarla”. Y yo agregaría —con la venia de Papá Jaime, claro— que hay que amacizarla, estrujarla y poseerla. ¡Hagámosle el amor a la vida, Papá Jaime y Cata!

Papá Jaime es una mezcla afortunada y feliz entre Deepak Chopra, Jesucristo, Annie de Acevedo, Jorge Duque Linares y una bomba plateada de Timoteo. Eso me salvó a mí y te puede salvar a ti, Cata. 

“A lo mejor debes hacerte primero una cirugía profunda de corazón abierto para poder extraer esos venenos que contaminan”. No es una canción de Ricardo Arjona. Es Papá Jaime que nos habla. Que nos invita. Cata: perdona al hombre del overol. Que se quede con su monoplaza. Y con su carro. ¡Empieza de nuevo! Y aunque Papá Jaime suene a credencial de Ziggy o a leyenda de borrador de Hello Kitty, escúchalo. Cata, ¡tienes un gran futuro por delante! Mira a los actores de El man es Germán que hacen coreografías en bicicleteros a los 45 años sin rubor. Eres joven. Y puedes seguir siéndolo, como César Augusto Londoño, el eterno adolescente. No tiene que ser ya. Toma tu tiempo. Puede ser en unos años. Si se casó Poncho Rentería ¿por qué no lo vas a hacer tú?

¡Oye a Papá Jaime! Yo lo hice. Y estoy mejor. No he vuelto a hackear a Geraldine, ni a interceptar su celular, ni a espiarla con binóculos, ni a hurgar en sus bolsas de basura, ni a disfrazarme de gladiolo para camuflarme frente a su ventana, ni a poner cámaras ocultas en su ducha. Así que tú también puedes. Adrián no es el único piloto que hay en el mundo. Pásate por el Autódromo de Tocancipá, tal vez ahí esté el hombre para ti. ¡Levántate, Cata! Como el ave Fénix. O como el gato Félix, que seguro sí sabes quién es. Sigue los consejos de Papá Jaime. Sigue a ese profeta del alma ya que no pudiste seguir a Adrián.

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