Papá, en este Día del Padre quiero regalarte algo distinto. Tú me lo has dado todo: me educaste bien, me apoyaste en mis derrotas, me felicitaste en mis victorias, hasta me enseñaste a enamorar a una mujer. Me encanta la relación que tenemos. Más orgulloso no puedo estar y, por eso, quiero que triunfes en el amor, como lo haces en la vida.

Tienes 53 y estás soltero, pero sin duda rejuvenecido. En estos diez años que llevas libre y de cacería te he observado de cerca. Te ha ido bien: cuatro novias en ese lapso. Y aunque ninguna de ellas fue la afortunada que se quedó contigo definitivamente, no importa: hay que seguir intentando.

La próxima vez no la puedes embarrar. Yo tengo 23 y, por supuesto, no soy ningún George Clooney, pero me gustaría regalarte un par de consejos desde mi joven perspectiva. Lo que pasa, Viejo, es que los tiempos cambian y tienes que estar preparado. No quiero que pases por más osos en una nueva conquista.

Yo sé que ya sabes usar WhatsApp a la perfección y que te encanta mandar fotos chistosas, memes creativos y emoticones recocheros, pero no siempre tienes que enviarle el videíto ese del loro diciendo groserías o la carita del miquito tapándose los ojos. Y no seas tan intenso: no muestres tanto el hambre, deja que ella también te mande cositas.

Y hablando de WhatsApp, por el amor de Dios, bájale a la letra del chat. Está en tamaño 24, el scroll nunca acaba. Y, por favor, ya es hora de que le quites a la pantalla del celular ese plastiquito protector con el que venía y que ni siquiera te deja tomar fotos bien. ¡Lo tienes desde hace tres años! Es como si mi Mazdita del 95 todavía tuviera los asientos forrados con plástico.

Por genética, ambos tuvimos la fortuna —o la desgracia, no sé— de desarrollarnos como unos machos alfa. Parecemos homo sapiens, tenemos pelos en todos los rincones del cuerpo. Por eso, papá, si vas a quitarte los de la espalda o los del pecho para verte más juvenil, hazlo con decisión: nada de un simple despunte que ni se nota, hay que podarse bien.

Cuando me preguntaste sobre el sitio al que había salido de rumba y te dije que a una discoteca llamada Kinky, jamás imaginé que irías allá al día siguiente. Papá: ¡a los 53 no puedes llevar a una cita a un lugar donde el 90 % de la música que ponen es reguetón! La vieja más grande de ese sitio tiene por ahí 24 años. Si te llego a ver ahí, no te saludo, te juro. La próxima vez me va a tocar decirte que voy a salir al Yanuba.

Y, te ruego, no te tomes selfies con una botella de guaro en ese tipo de lugares. Es más, no compres guaro en un bar. Simplemente no lo hagas. Ah, y no le digas guaro, como si tuvieras 17 años y estuvieras en un prom, dile aguardiente.

Ya que estamos en el tema de las salidas, te recomiendo que si vas a ir con tu levante a cualquier lado, así sea al Carulla de la esquina, no te pongas ese saco negro de lana de alpaca que tiene más años que yo. Tú sabes cuál es, ese al que le faltan dos botones, no te hagas el loco. Es hora de botarlo. Si no te lo digo yo, no te lo dice nadie.

Además, tienes que definir de una vez si te pones la camisa por dentro o por fuera del pantalón. Para que me entiendas: si es domingo y vas para una finca, esa camisa de cuadros tiene que ir por fuera; pero en un día de oficina, la camisa blanca con mancornas debe estar metida.

Procura, también, comprar jeans de tu talla. Esos apretaditos y saltacharcos son tenaces. Es válido que no quieras parecer un cucho aburrido, en eso te apoyo, pero tampoco puedes pensar que eres Justin Bieber y todo se te ve bien.

Ahora, si estás con una mujer a tu lado, trata de no agarrarte con todo el mundo. Yo sé que después de los 50 el estrés es duro y a uno empieza a molestarle todo, pero no hagas trancón en el peaje por quedarte peleando porque la tarifa subió este año. Viejo, ¡la señorita del peaje no tiene la culpa!

Aparte de eso, trata de averiguar si tu próximo machuque tiene algún hobby que puedan compartir. Pero, ojo, no quiero que te vuelva a pasar lo de la golfista. Tú no eres ningún Tiger Woods. Fue terrible el oso que hiciste cuando, en tu primera salida, en el hoyo uno, ¡ni siquiera le pegaste a la bola y arrancaste más pasto que una excavadora!

Papá, yo sé que tienes un amigo de tu edad que es muy play. El hombre gana bien, tiene ropa muy fina y, además, la novia —¡de 27 años!— es hermosa. Pero tú no eres él. Tienes que ser realista con tus expectativas. Deja de coquetearles a las meseras de Andrés Carne de Res, que están divinas, y ni se te ocurra hacer lo mismo con las amigas de mi hermana, que también aguantan. Además, tienes que tener en cuenta que los zapatos de piel de cocodrilo que te regaló ese amigo solo se le ven bien a él.

Otra cosa: si tu levante te quiere acompañar a misa, no la hagas llegar media hora antes de que empiece. Yo sé que te gusta tener siempre la misma silla, pero ella no tiene que calentar más banca que Falcao. Y, te lo pido, intenta no dormirte cuando el cura da los sermones.

Lo mismo te pasa en el cine: terminas roncando en plena película. Si es necesario, llévala de día para que no te quedes profundo. Y aunque no hay problema de que vayas siempre a Avenida Chile o a Cinemanía, los únicos dos cines que te gustan, entiende que hoy en día siempre hay que reservar o te quedas sin boleta. Bueno, quizá no a las 11:00 de la mañana, la hora a la que te va a tocar empezar a ir.

Son solo consejos, Viejo. No son muchos, y tú verás si los sigues. Yo espero que sí. Y no me mates por escribirte esto, créeme que lo hago con amor.

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