Domingo, once de la mañana. Salí el viernes con los de la oficina. Ningún levante más allá de un borracho que se me acercó para decirme que yo tenía la mejor boca que había visto en su vida y para pedirme que le regalara un par de "besitos", suspiré, di la vuelta y me fui.

(Cómo ser soltera y no morir en el intento)

Ayer salí con Alejandra, un tipo que conoció en Tinder y un amigo de él. Fuimos a un bar. Cuando vi el que me tocaba a mí, me sentí la más afortunada de las mujeres. Estaba buenísimo, pero después, mientras Alejandra, su levante y el nuevo amor de mi vida hablaban de los usos de Tinder, el tipo que me correspondía dijo que él, por ejemplo, era casado pero que se permitía experimentar con la aplicación. ¿En serio? miré a Alejandra con cara de pocos amigos y anulé para siempre la relación feliz que ya había imaginado con el susodicho. Lo peor de todo es que después me tocó explicarle al tipo por qué no estaba interesada en pasar la noche con él. ¿De verdad no me entiendes? Cínico de mierda. Tuviste la fortuna de que una mujer aceptara casarse contigo y no conforme con ello ¿me pides que pase la noche contigo? No te creas tan afortunado.

Salí del bar pasada la medianoche. Vine a mi cama fría, inutilizada y metí ahí mi cuerpo caliente e inmaculado. Podría dejar de ser amiga de Alejandra por ese tipo de cosas, pero en realidad ella es mi única compañía más allá de estas dos gatas histéricas. Nos conocemos desde primer semestre de la universidad, esa época dorada y abundante en la que los hombres nos llovían, en la que el teléfono fijo de la casa no paraba de sonar y en la que podíamos elegir entre los cuatro o cinco pretendientes que no entraban en rodeos para pedir teléfonos, invitar a cine o a tomar un café.

(No le tenga miedo a salir con una separada)

Así que amanecí sola. No me he parado aún de la cama porque la pereza me invade y porque Instagram me sugieren que vea una foto Juan, aunque no lo sigo, sólo visito su perfil de vez en cuando. Juan, sí, mi ex, el que me dejó porque no estaba listo para algo tan serio pero que ahora se pasea por la ciudad y por las redes sociales agarrado de la mano con una niñita bonita y simple.

Era solo una foto pero ya no puedo evitar recorrer todo su perfil. Lo veo tan feliz, tan tranquilo y me pregunto por el karma. ¿Cómo era la cosa? ¿No debería él estar pagando alguna especie de karma por dejarme un mes después de empezar a vivir juntos? Aclaro, no fue idea mía, yo habría sido incapaz de presionar esa situación, la seudo dignidad de mujer letrada me impide hacer ese tipo de propuestas. Todo fue idea de él desde el principio. A mí ni me gustaba cuando lo conocí, pero bueno, fui cayendo hasta que caí por completo y cuando ya el hombre estaba instalado en mi vida, con su ropa en mi closet, con el amor ganado de mi madre y de quien entonces era mi única gata, con la mitad de mi cama y el total de mis ilusiones, decidió recoger sus cosas y salir escondido cuando yo no estaba en el apartamento. Me dejó sólo una nota donde me decía que no estaba listo para algo tan serio, que lo dejara ir pero que por favor no olvidara que él me amaba demasiado.

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