Cuando Catalina aceptó salir con Esteban lo hizo no solo por su cara linda y su cuerpo, porque créanlo o no, las mujeres también nos fijamos en eso. Cata pensó en una cena divertida, un viernes en la noche, luego una buena rumba y después lo que Esteban quisiera.
Él llegó a recogerla a las ocho de la noche, ella lo hizo esperar unos minutos y cuando salió, él vio a una mujer vestida de negro, falda muy cortica, piel bronceada, tacones y sonrisa coqueta.
Cata no quiso alargar la noche en un restaurante y le propuso, después de la cortés pregunta “qué quieres hacer”, ir a una pizzería o a comer hamburguesa. Y así fue.
Optaron por lo segundo, ella pidió una sin salsas, con gaseosa light.
Pero Esteban cometió el peor error de la cita, pidió como un niño de ocho años que se gana la hamburguesa por sacar buena nota: una hamburguesa doble carne, doble queso, todas las salsas, con papas a la francesa y gaseosa grande.
El error no fue pedir, el error fue comer.
Mientras Catalina comía su hamburguesa con delicadeza, Esteban se enredaba la vida, las salsas se escurrían por sus manos, abría tanto la boca que parecía que se fuera a comer a Caperucita Roja. En el tercer mordisco, la hamburguesa se desbarató, el tipo no usó pitillo y mientras hablaba, comía; y mientras comía, hablaba.
Catalina estaba a punto de vomitar por el asco que le producía el vaso de su acompañante lleno de migas de pan, no sabía cómo indicarle que en el cachete izquierdo tenía salsa de tomate y en el derecho un pedacito de queso.
Al finalizar, ella decidió terminar la cita con mucha sutileza, no porque la camisa de Esteban tuviera grasa, sino porque hasta ahí le llegó el encanto.
Cuando usted decida ir a comer y esté de conquista, y de hecho así ya sea su pareja, le recomiendo que pida lo que es fácil de manejar.
Si no sabe comer pasta y está en un restaurante italiano, vaya a la fija, pida raviolis, por ejemplo.
Pida lo que le garantiza no encartarse.
Con una sopita, solo necesita una cuchara; con una carne tierna, cuchillo y tenedor; con un filete de pescado, un tenedor y listo.
Si lo suyo es el pollo asado, no intente ser refinado y comer con cubiertos, fresco, con la mano vaya sacando pedacitos, no se mande la presa a la boca, corre el riesgo de poner cara de pollito huérfano.
No improvise por quedar bien: si no sabe qué es un plato en un restaurante que no frecuenta, no se preocupe por preguntar, pero sin hacer cara de perdido, hágalo seguro de usted.
¿De 1 a 10 cuánto es su manejo al comer muelas de cangrejo, por ejemplo? Si es 8 o más, adelante, ese es su plato y es perfecto para mostrarle a ella de qué está hecho.
Pero si no sabe usar palitos chinos, mejor regáleselos a ella para que se recoja el pelo y usted pida un arroz.
O tenga restaurantes fijos, de esos donde conoce los platos, y usted se siente como en casa.
A la hora de comer es mucho más fácil quedar como un wannabe que descrestar ;)

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