MARIDO ENLOQUECIDO
Apreciado Doctor
A los 22 años me casé con la mujer más bella de mi curso universitario, también mi novia del colegio secundario. Sus atractivos fueron siempre destacados por nuestros compañeros, y me envidiaban por merecer el amor de Loly, como se llama quien es actualmente mi esposa. Loly tiene veintinueve años y yo, treinta. Fui su primer hombre y desvirgué todas sus vergüenzas. Me ama, aún no tenemos hijos, pero no lo descartamos. Es algo remilgada en el sexo, lo reconozco. Pero su vestir y su andar son la sensualidad pura. Y, sin embargo, querido profesor, hace tres meses conocí a una señora de cincuenta años que me está volviendo loco. Todo empezó porque necesité tomar unas clases de inglés para un trabajo, y fui a dar al departamento particular de una antigua profesora de la escuela primaria. ¿Puede creerlo? No sé cómo llegué a ese punto, pero al tercer encuentro la señora ya me estaba mamando y ofreciéndome lo indecible con una pasión que Loly no ha logrado acumular en los quince años que llevamos de conocernos. Diana, como se llama la profesora, me pide que invente un viaje laboral y pase con ella una semana en Brasil. Le dije que era imposible, pero se atrevió a ponerme condiciones: si no viajo con ella por una semana, me dejará a palo seco. Ni siquiera clases de inglés. Profesor: ¡esa vieja es una droga para mí! No puedo prescindir de sus mamadas y desenfrenos. Pero… ¿engañar a mi esposa, tan bella, que tanto me ama? ¿Inventarle un viaje? No sé qué hacer.
Apreciado Marido enloquecido
Si, como suele acontecer, fuera su esposa la de cincuenta, y la de veintinueve la amante; y su esposa fuera amable y devota, como lo parece la que realmente lo es, no lo dudaría ni un segundo: le recomendaría que rechace ese viaje. No censuraría ni alentaría los encuentros furtivos, pero indudablemente reprobaría el engaño de una semana y repudiaría cualquier tipo de condición que la joven quisiera imponerle. Pero siendo al revés los tantos, la resolución es menos sencilla. La veterana ha librado una batalla desigual y la ha ganado tan solo con actitud. Su esposa, aún devota y amable, dice usted, se muestra remilgada en el sexo. La triste realidad es que usted pertenece a esa clase de hombres que no pueden limitarse a la posición del misionero. Algo ha de tener esa profesora de inglés. Podría seguir varias páginas, pero debo dar mi veredicto: ni viaje ni la deje. Blufee como un jugador de póquer: dígale que la adora, pero que no puede acceder a esa patraña ni dejarse chantajear. Yo creo que ella cederá. También para ella es usted una adicción.


ADOLESCENTE ATORMENTADO

Estimado señor argentino
Mi nombre es Lucas y tengo diecisiete años. Recientemente, un grupo de tres amigos y yo decidimos iniciarnos sexualmente con una prostituta. Hubo que tirar a suertes quién empezaba, y me tocó segundo. Señor, mi problema es que no pude. La señora era linda, me trató muy bien, lo intentó, pero a mí no me funcionó. Les mentí a mis amigos que lo había conseguido. Pero estoy desesperado: ¿soy menos hombre que ellos? Le juro que me gustan las mujeres. ¿Qué me puede recomendar?
Querido Adolescente atormentado
El sexo siempre es difícil. Y mucho más la primera vez. Dicen que el sexo es algo natural, que hay que dejarse ir, que sale espontáneamente… Todo mentira. El sexo es un enigma, el hombre está obligado a mostrarse más experimentado que la mujer, y para colmo no puede fingir la erección. Es mucho más fácil imaginarlo que hacerlo. Y para colmo usted tenía que comenzar con una que ya había sido penetrada por un amigo. Ya de por sí la situación carece de la higiene básica. A mí me cuesta compartir un vestuario con otros hombres, imagínese una mujer que acaba de ser penetrada por otro. En rigor, me parece que usted puede sentirse satisfecho de que su virilidad no le haya permitido probar ese plato recién mordisqueado. Su cuerpo se comportó con dignidad. Aguarde un poco y, sin desesperarse, dele una oportunidad al azar, quizás llegue alguna mujer no tan trajinada, alguna novia, amiga o conocida. La vida me ha demostrado que incluso los inútiles como yo alguna vez consiguen algo porque sí. Y si tarde o temprano tiene que volver a pagar para intentarlo, busque intimidad y calidad. Lo que le puedo garantizar es que todos hemos pasado alguna vez por lo que usted cuenta, y que no es más ni menos que la condición humana. Quedarse tranquilo y olvidar el mal momento es el mejor remedio. El resto lo hará el tiempo. Por algún motivo sospecho que usted será finalmente un hombre afortunado con las mujeres.

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