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CC. promociones@movistar.com.co ; info@telmex.com.co
Asunto: Perdón

Estimada señorita de cobranzas del Banco de Bogotá. No recuerdo si me dijo su nombre o no. Usted, muy amablemente, casi con vergüenza, me llamó a cobrar tres mil pesos de mora que tenía hace como una semana en mi tarjeta de crédito, un viernes por la noche, mientras la selección juvenil colombiana, en el Mundial Sub-20, se batía con el combinado coreano.

 Yo quise comprobar que era verdad: “¿Me está llamando un viernes, a estas horas, en medio del partido de Colombia, para cobrarme una deuda de tres mil pesos?”. Usted me respondió: “Sí, señor, me tocó trabajar hoy”. Yo la despaché rápido y un poco airado, porque me estaba perdiendo el partido y además mi banco, con el que llevo una armónica relación de muchos años, me había mandado los chepitos a cobrarme tres mil pesos.

 Es culpa del banco, usted solo estaba haciendo su trabajo. Las instituciones no tienen alma. Además, como la llamada puede ser grabada o monitoreada (¿cuál es la diferencia?) de pronto usted no pudo decirme “Sí, estos del banco son unos pendejos” o “Me hace el favor y arregla el tonito”. La imagino en una especie de gran galpón iluminado con tubos de luces blancas, hileras interminables de puestos de trabajo, cada uno con un computador y unos audífonos, mucha gente, unos supervisores que esperan cierto número de cobranzas por hora, ocho horas de trabajo y por ahí media de almuerzo cada día. Y encima llamar a cobrar tres mil pesos en medio de un partido de Colombia, a un señor de malas pulgas… Perdóneme, señorita. A lo mejor también usted puede ponerse en mi lugar, y pensar además en todas las veces que me enfrento con grabaciones mecanizadas que conducen, luego de presionar alguna tecla, a nuevos menús que se multiplican como espejos, antes de dar con un ser humano que, a su vez, vuelve a lanzarme a la jauría de opciones y grabaciones… Le sugiero que llame a Telmex y le dará la razón a la señorita Patricia. Con ellos tengo un memorial de agravios. 

No debemos olvidar las llamadas inoportunas (cuando estoy en mitad de una junta, en una fila de banco, en medio de un polvo, cagando…) de Movistar para ofrecerme minutos y planes que no necesito.

La próxima vez que llamen a ofrecerme créditos, minutos, seguros de vida o a cobrarme, o que haga contacto con un ser humano después de sumergirme en los vericuetos de un conmutador, trataré de ser más tolerante. 

Una vez más, perdóneme, entiéndame y, en nombre de todos los ciudadanos que alguna vez hemos sufrido lo mismo, le pido que usted, como representante del gremio, también perdone a la señorita Patricia. 

Suyo,Antonio

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