Esta vida está para reírse, definitivamente. Sino que se lo digan a todos aquellos que han sucumbido a la nueva moda de publicar en las redes sociales esa zona del cuerpo que solo enseñamos en ámbitos muy, pero que muy, íntimos: el culo o la cola, como ustedes prefieran llamarlo.

Los hay redonditos, los hay menos voluptuosos, los hay planos, asimétricos, tiesos, pequeños, respingones, flácidos, tímidos. Un sinfin de formas, aunque, según la revista Vogue Estados Unidos, “estamos en la era de los grandes culos”. Lo cual no deja de ser positivo para muchas mujeres -también hombres- a las que hace años se censuraba por sus grandes caderas. Pero no se alarme: sobre gustos no hay nada escrito y lo más bello del culo es que uno puede idolatrar el que más se adapte a su sensibilidad y estética, tanto si es chiquito y compacto como grandioso y osado.

(El culo de Yoko Ono o la madurez del hombre)

Resulta que la ‘culomanía’, como algunos medios han decidido llamar a esta fijación que se está imponiendo con fuerza en los últimos años, no es inédita de nuestro siglo ni mucho menos reciente. Si lo es mostrarlo a través de las plataformas de Internet y prescindir del pudor que generaba mostrarlo en otras épocas. Adiós a los guardianes de la moral, bienvenidos los redentores.

Según el historiador Jean-Luc Hennig, profesor de la Universidad de El Cairo, quien repasa en su ensayo Breve historia del culo, la gran reivindicación del culo femenino como elemento inspirador de las expresiones artísticas tuvo lugar a finales del siglo XVII y el XVIII. A partir de entonces, indica, “la mujer empezó a aparecer volteada en muchos cuadros”. En el caso de los hombres, la incursión de sus nalgas en el arte tuvo que esperar hasta el escultor italiano Miguel Ángel porque, como relata Henning en su texto, “No representaba nada glorioso para la masculinidad o la virilidad. Lo que era glorioso era la espada por delante”. 

(Por qué a los hombres les gustan los culos)

Ahora, gracias al auge de las redes sociales y al aperturismo mental, sexual y visual que permiten, la libertad de enseñar el culo no entiende de sexo, convencionalismos o imaginarios. Un ejemplo de ello es la cuenta en Instagram ‘cheekyexploits’, con más de 500 entradas y 272 mil seguidores, que mezcla la reivindicación y la rebeldía que supone posar con los pantalones y los calzones por el suelo y la belleza que se desprende de la diversidad “culística”. Pasen y vean.

(El culo de las Kardashian)

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