Con un tanque lleno de 58 litros de gasolina extra salí del nororiente de Bogotá a las 9:45 de la mañana de un sábado lluvioso. Ese arrebato literario no tendría sentido si no se mencionara que la camioneta CR-V no pierde potencia con el aire acondicionado encendido, durante los inclinados trayectos de la vía que conduce hacia la ciudad de los puentes. La misma lluvia, que acompañó la prueba durante un poco más de una hora, también sirvió para probar el agarre de las llantas y la estabilidad de la camioneta. En varias curvas, a una velocidad aproximada de 80 kilómetros por hora, la CR-V ni siquiera patinó y siempre estuvo aplomada a la carretera; las llantas, en rines de aluminio de 17 pulgadas, tampoco fueron inferiores a la prueba: respondieron a la perfección en pista mojada y horas después, sobre asfalto caliente, su desempeño fue perfecto.

En la primera parada, en el municipio de La Vega, me llamó la atención que el consumo de gasolina hubiera sido casi nulo: solamente se había gastado, en 54,4 kilómetros de recorrido, una mínima parte del tanque de combustible. De ahí en adelante la conducción transcurrió sin mayores novedades y sí con mucho entretenimiento. La camioneta está equipada con un excelente equipo de sonido marca Kenwood con cuatro altavoces, con una consola de 6,5 pulgadas compuesta de una pantalla táctil interactiva. Sirve para reproducir DVD y escuchar música en los formatos de CD, MP3, MPEG, VCD, WMA y es compatible con iPods de cualquier generación. También tiene entrada de video y sintonizador de televisión, detalles que se vuelven ideales para viajes largos. La siguiente parada fue en Guaduas, pueblo cuya entrada sirvió para probar cómo se comportaba la CR-V en tramos de carretera destapada. Y lo hizo muy bien, dejando muy presente que la suspensión (adelante con puntuales McPherson y control de convergencia y atrás de doble brazo con enlaces reflexivos y resortes helicoidales) es la ideal tanto para la ciudad como para la trocha. Sobretodo para la trocha.

A cinco minutos de Honda hubo un largo paro, mientras una grúa y un tractor terminaban de remolcar un camión que se había volcado horas antes. El sunroof sirvió para que el aire circulara mucho mejor y la silla del piloto, fácilmente ajustable y reclinable, sirvió para improvisar una postura bastante cómoda que hizo que la espera de 45 minutos con el calor del Magdalena Medio de fondo no fuera infernal, sino plácida, en gran parte por el parabrisas verde que bloquea el calor del sol. Supe que la temperatura era de 33 ºC gracias al medidor del tablero de instrumentos digital que, además del tacómetro y el velocímetro, tiene cuentakilómetros parcial y total, y todos los indicadores que un conductor necesita para saber que el carro está marchando sin problemas o averías.

A pocos minutos del paro atravesé el puente Navarro, el principal de más de 40 puentes que tiene el municipio. En ese momento confirmé lo que antes sospechaba: que el consumo de gasolina es realmente económico. La camioneta tenía un poco más de medio tanque de combustible.

Luego de una vuelta por el pueblo, emprendí el camino de regreso a Bogotá. Lo mejor de todo esto es que habiendo probado el vehículo, me di el lujo de manejarlo activando la velocidad de crucero programable mediante un botón ubicado en el timón (que dicho sea de paso es regulable en altura y telescópico). Así decidí manejar largos trayectos a 60 kilómetros por hora para disfrutar de la suavidad de la conducción. Cuando la noche empezó a caer noté la potencia de las luces exploradoras y de los faros multirreflectores integrados, que facilitan un manejo mucho más seguro por su alcance, que mejora ampliamente la visibilidad. Por lo demás es bueno destacar otros detalles como la bandeja central con portavasos, el estuche para gafas de sol con espejo visor y el tomacorriente auxiliar que, junto con el gran espacio interior que tiene el Honda CR-V, hacen de este vehículo el mejor para llenar las expectativas de cualquier persona.

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