Apidama es una silenciosa editorial que desde el 2002 viene publicando lo más selecto de la poesía colombiana y peruana. Según su página web, quiere hacer énfasis en poetas mujeres, pero eso no limitó a sus directivos para engalanar el catálogo de la editorial con el primer poemario de otro artista integral, el siempre vigente Danilo Santos. Quizá haya lectores desatentos que no advirtieron la apabullante cantidad de reseñas y comentarios que tuvo este libro en el 2007, año de su publicación. A ellos quiero llamarles la atención con esta breve reseña de De cara al fuego.

Aquello de "artista integral" adquiere toda la dimensión en este vate colombiano. Ya desde el primer párrafo de la solapa se nos dice que es un "Apasionado desde niño, por la poesía, la escultura y el dibujo. Segundo puesto en el Concurso Intercolegial, Prismacolor, 1968. Escribe poemas desde la adolescencia". No he movido una sílaba, una coma, de este recuento: ahí, en absolutamente todas las librerías del país, está el libro para quien quiera confirmarlo.

El bardo Santos ensaya en sus versos la rima asonante al tiempo que busca en las profundidades de su alma: No sé si es la luz/ de mi entendimiento/ o mi carne que se consume/ a fuego lento. Por otra parte, echa mano de lo más selecto del lenguaje popular, de la calle, para alcanzar una nueva manera de ver el amor apasionado: ...fundiéndonos, quemándonos/ izando bandera y penetrando mi ser/ en tus entrañas. Ahí no terminan sus acercamientos al más fino erotismo; en otro poema podemos admirarnos con estos versos: Mojé mis ganas en tus senos/ acaricié tus montañas con mi cuerpo/ y dejé resbalar mi carne en tu recuerdo/ y en tu pasión quedé muerto.

Pero su registro no se agota en el erotismo, pues el rapsoda también se pasea con soltura por la poesía social, comprometida, en piezas como "Silencio de fusiles" o "El otro día me robaron", que dedica "A los personajes públicos". También se deja acosar por las preguntas más profundas que puede hacerse un ser humano sensible como él: ¿Por qué estamos tan mal diseñados/ ¡Porque lo pienso en la carne!/ ¿Por qué somos tan vanos, se pregunta en "El cristal de mi ataúd", bello título. Este pequeño gran libro —62 poemas— amerita un estudio en profundidad que rebasaría el alcance de este artículo. Como en el caso del anterior, valga este comentario apenas como abrebocas para que los lectores interesados en la alta poesía lo busquen y lo paladeen al calor de la chimenea, con una copa de vino caliente al lado como silenciosa cómplice.

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