Me encantaría que a partir de esta Navidad fuera absolutamente irrelevante saber si uno es uribista o antiuribista. También quisiera que se calmaran los ánimos de todos aquellos que piensan que el Polo Democrático, los indígenas, los corteros de caña, los sindicalistas y los columnistas que no alaban al Presidente son guerrilleros de las Farc y terroristas que deberían ser exterminados.

También quisiera, como una muestra de reconciliación nacional, que Cecilia López y Uribito, en mitad de alguna plenaria del Senado, se rasgaran las vestiduras, se acercaran llenos de pasión, se besaran y anunciaran su mutuo amor eterno frente a las cámaras del Canal Institucional.

Quisiera que El Tiempo dejara de ser tan arrodillado y que Claudia Gurisatti y Vicky Dávila dejaran de ser tan sapas.

Sería buenísimo que, por una vez en la vida, José Obdulio Gaviria aceptara los errores del gobierno sin tratar de minimizarlos o restarles importancia. No pido que el insigne asesor presidencial los ponga por escrito en alguno de los veinte tomos que está escribiendo, sé que sería demasiado, me bastaría con alguna sincera y contrita declaración radial, así fuera en Candela Estéreo a las tres de la madrugada.

Quisiera que la vertiente mamerto-radical del Polo —representada por Robledo, Gaviria y compañía— se separara del ala progresista —encarnada por Lucho, Petro y María Emma, entre otros— para que pudiera votar por estos últimos sin sentir que arrastro a las rémoras retardatarias.

Quisiera que Ernesto Yamhure, Plinio Apuleyo Mendoza, Fernando Londoño, Felipe Zuleta y Ramiro Bejarano fueran menos pasionales.

Me gustaría que las Farc liberaran a todos los secuestrados, se desmovilizaran y pidieran perdón por todas sus atrocidades.

Espero, además, la pronta jubilación de Raimundo Angulo, para que las reinas puedan posar en ropa interior e incluso en pelota sin que se arme un lío y las echen del certamen.

Espero que la televisión colombiana, por fin, salga del subdesarrollo y que vuelva a existir un buen programa de humor político.

Me encantaría que se jubilaran Jota Mario, el padre Chucho, Hernán Orjuela, la Negra Candela, el mono de Sweet y el gordito de Ricostilla.

Deseo que el Opus Dei y toda la corriente rezandera y pacata que infiltró al gobierno se repliegue.

Me haría muy feliz que la Selección Colombia no cambiara más de técnico y que clasificáramos al Mundial.

Espero que el próximo año todas las víctimas del paramilitarismo reciban una justa y pronta reparación.

Quisiera que Juanes empezara a cantar bien, para que me pueda caer bien del todo.

Espero que el cine colombiano siga evolucionando, y que en medio del volumen de películas del próximo año haya muchas que valgan la pena.

Cruzo los dedos para que no aumente el precio de los taxis, el TransMilenio, la gasolina, el trago, el cover de los bares, la mensualidad de los colegios, los CD, los DVD y los libros.

Exijo que el próximo año no se repitan los falsos positivos.

Me gustaría mucho que se lanzara a la presidencia Sergio Fajardo y que su vice fuera Antanas Mockus.

Quisiera que Samuel Moreno Rojas se desagüevara, se pellizcara y cumpliera con todas las maravillas que prometió en campaña.

Espero que pillen y encanen a todos los políticos que estuvieron al servicio de las pirámides.

Me encantaría que Piedad Córdoba dejara de hacer declaraciones histéricas, incendiarias, infundadas y efectistas.

Sería maravilloso que Moreno de Caro se quedara a vivir en Suráfrica y se nacionalizara allá. Sería aun mejor si lo hiciera en compañía de Édgar Perea.

No pierdo las esperanzas de que el próximo año haya concierto de U2 o Radiohead, aunque sea en el Parque Jaime Duque.

Espero que por fin Vargas Llosa se gane el Nobel.

Quisiera que Chávez no se terminara de deschavetar. Y que Uribe tampoco.

Prendo una vela para que Obama no nos decepcione.

Quisiera que El Espectador siguiera creciendo, y que tuviera más periodismo y menos opinión.

Espero que tengan unas felices fiestas y que todas mis columnas del 2009 sean mejores que esta.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.