El Día de los amigos menos esperado
Por Adolfo Zableh

Quiso el destino que en el día de los amigos me tocara ir a un matrimonio.

Sábado dos de marzo, ahí estaba yo junto a doscientos más viendo a dos personas casarse. De entrada me pareció raro celebrar el amor en el Día de los amigos, pero si uno lo mira bien, no pudo haber mejor excusa para conmemorar tal fecha.
 
Porque para arrancar, y sin meterle mucho esfuerzo al análisis, la vaina fue una celebración del amor, pero también una reunión de amigos. Como fue en otra ciudad, el paseo de fin de semana arrancó el viernes en el aeropuerto, se extendió en la llegada al hotel, en rutas por la ciudad, almuerzos, visitas a sitios turísticos, cerveza fría al atardecer y terminó en una fiesta donde nos cogió la salida del sol.
 
La gente siempre está buscando razones para celebrar, pero en esta ocasión la unión de dos fue la razón para reencontrarse con viejos amigos y hacer nuevos, porque cuando centeneres de personas se mueven de sitio para celebrar la unión de dos, todos, hasta los que nunca se han visto, son amigos.
 
Y también está el asunto de que los dos que se casaban fueron primero amigos durante mucho tiempo. Un día, sin que los dos se dieran cuenta, esa delgada línea que separa la amistad del amor se desvaneció y lo que parecía un romance pasajero terminó en matrimonio. Yo, debo confesarlo, era de los que no daba un peso por esa relación y terminé en primera fila, deseándoles toda la suerte del mundo (en tercera, en realidad, porque las dos primeras filas estaban reservadas para familiares y padrinos). Y así suene a cliché, los enamorados tienen que ser amigos también; si no, la relación está destinada a fracasar.
 
Yo no sé qué vaya a pasar en el Día de los amigos del 2014, pero la vara ya quedó muy alta. Lo único que lo superaría es que yo mismo me case. Desde ya recibo la hoja de vida de las interesadas.

Mi Día de los Amigos
Por Andrés Rios

Somos animales de costumbres y dentro de eso tengo que confesar que yo aún no me adapto al Día de los Amigos. Uno anda con mil cosas en la cabeza y cree que con el Día del Amor y la Amistad todo queda chuleado con amigos y amigas. Pues no, el Día de los Amigos es necesario y yo, que solo tengo un verdadero amigo que vive en Bogotá y yo en Medellín, pasé este día de forma rara.

Para empezar me desperté con una resaca del demonio y así con la cabeza hecha La Orquesta de la Luz recordé que no podía dedicarme a estar en mi cama tranquilo, tenía mil cosas por hacer. Levanté fuerzas y mi peor pesadilla se hizo realidad: había que ir a pagar la cuenta del celular, si o si, si no me sometía a que me lo cortaran y eso, en Día de los Amigos, es letal.

En Medellín es normal hacer vuelta en pantaloneta. Acá, para comodidad de todo y de todos, eso no es lío y el clima lo permite. Llegué a la empresa de telefonía celular alrededor de las 11 am y pensé que me había equivocado de sitio. Había tal cantidad de gente, tantas colas, que pensé dos cosas: o esto es una repartición de los subsidios para familias en acción o acá todo es gratis y  están de feria.

Pues no, simple y llanamente los sitios de pago y de atención de telefonía celular los sábados son así, como una corraleja, el caos hecho fila, el caos hecho necesidad de pagar por un servicio y padecerlo.

Salí casi a la hora y media, con rabia y todo sentimiento negativo que usted pueda sentir. Estaba en un centro comercial y de inmediato vi una de esas tiendas que vende de todo para comer y beber. No lo pensé, me senté y pedí una cerveza.  De inmediato el mundo cambió, las puertas del cielo se abrieron y el Día de los Amigos cobró vigencia.

Me tomé un par de polas y escrudiñé en mi celular con quién pasar la tarde. Hice un par de llamadas que resultaron fallidas y al final terminé echando tertulia con mi buen amigo de Bogotá. Decidí optar por una salida que no tiene pierde: llamar al tío buena gente que uno siempre tiene, ese que lo metió a uno al mundo del rock y de la farra en épocas adolescentes, ese que siempre está disponible.

Santo remedio, para allá me fui y salvé el día. Lo que sí tengo claro es que prometo mejorar mis celebraciones del Día de los Amigos, mal que bien este tipo de celebraciones se debe hacer con los que corresponden, sin aspaviento.

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