1. Operación masacre, de Rodolfo Walsh: el argentino Rodolfo Walsh escribió Operación masacre ocho años antes de que Truman Capote escribiera A sangre fría. Muchos establecen, aquí, el comienzo de la no ficción. Como sea, este libro es una maquinaria implacable, una investigación puesta en marcha a partir de una frase magnífica "Hay un fusilado que vive", con datos chequeados por tres y cuatro fuentes, escrito en un estilo asombrosamente contemporáneo. El prólogo a la tercera edición basta para rendirse a sus pies. A los de Walsh, claro.

2. El violento oficio de escribir, de Rodolfo Walsh: reúne su obra periodística entre 1953 y 1977. Si alguien se atreve a pensar que inventó alguna cosa, haría muy bien en leer los textos de este hombre que escribía lo que escribía más de cincuenta años ha.

3. La guerra moderna, de Martín Caparrós: crónicas planetarias que hablan de la prostitución infantil en Sri Lanka, el carnaval en Río y la música tropical en la Argentina. Todo lo que hace falta saber sobre la crónica qué mirar, cómo mirar, cómo escribir está aquí. Después, claro, hay que leer El interior, una obra en la que Caparrós toma riesgos narrativos majestuosos.

4. A sangre fría, de Truman Capote: a pesar de que, gentileza de Hollywood, se puso de moda asegurar que Truman Capote era un manipulador, la historia de la matanza de los Clutter es una obra con la potencia de un acorazado, igual de inoxidable.

5. Féretros tallados a mano, de Truman Capote: incluido en Música para camaleones, cuenta una serie de crímenes reales ocurridos en un pueblo del oeste americano. Utilizando un diálogo interrumpido por párrafos que hacen avanzar la cronología, transmite un miedo enceguecedor.

6. El ladrón de orquídeas, de Susan Orlean: la severidad de la investigación y una extraña sutileza reinan en este libro, atravesado por la búsqueda de un grial que, al final, no aparece: la orquídea fantasma. 7. Retratos y encuentros, de Gay Talese: incluye textos canónicos, como Frank Sinatra está resfriado, pero Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas, es una pieza encantadora, escrita en puntas de pie.

8. El enterrador, de Thomas Lynch: Thomas Lynch es norteamericano, poeta, y fue, por veinticinco años, dueño de una funeraria en Michigan. Escribió este libro cuyo tema es la muerte, los muertos, el oficio de enterrar. En el capítulo 'Tratado breve', habla de su propio entierro: "Quiero nieve revuelta para que la tierra se vea herida, abierta a la fuerza, sin disposición a participar (...) Vayan hasta el hueco en la tierra. Quédense al lado. Miren dentro. Pregúntense. Y sientan frío". Después dice: "Vivan para siempre". Y entonces todos podemos llorar en paz.

9. Ébano, de Ryszard Kapuscinski: no hace falta leer mucho más para entender el continente africano. Ni para saber por qué tantos dicen que Kapuscinski era un señor muy genial.

10. El libro de la almohada, de Sei Shonagon: escrito por una mujer japonesa entre el año 900 y el 1000, contiene, entre otras cosas, listas como las que siguen: "Cosas que dan una sensación de limpieza: una taza de barro. Un recipiente nuevo de metal. Una caja de madera nueva". O: "Cosas encantadoras: huevos de pato. También sus nidos". Y esta: "Cosas sórdidas: el revés de un bordado".

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