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 Suites de lujo
Para los viajeros de más alto perfil habrá cuatro suites principales, con cama tamaño king y baño privado. Para el resto de los invitados, el príncipe mandó a instalar 20 sleepers, el equivalente a los asientos de primera clase de un Airbus normal.

Cuarto de bienestar
Para quienes viajar les resulta estresante, este avión vendrá con spa y sauna de pisos de mármol. Además, habrá un “cuarto de bienestar” en el que el piso estará hecho de pantallas que muestran a los pasajeros el lugar sobre el que están volando.


 

 Ascensor
Será la entrada privada del príncipe y lo llevará desde la pista de aterrizaje hasta el tercer piso del avión, donde estará el cuarto principal. Al abrirse el ascensor, automáticamente se extenderá una alfombra roja, al mejor estilo de los premios Óscar. 

 Sala de juntas
Con mesa de reunión para unas doce personas. Lo impresionante es que la mesa será una pantalla táctil gigante. Y más impresionante aún serán, seguramente, los negocios que se firmen sobre ella, mientras los ejecutivos atraviesan el Atlántico.


Como si no fuera suficientemente extravagante, el Airbus tendrá también estacionamiento para uno de los Rolls Royce del príncipe (tiene unos 300 carros de distintas marcas), una sala de rezo con alfombras que giran automáticamente hacia La Meca y otra de conciertos, con piano de cola y puesto para diez espectadores.
Remodelación: 200.000.000 de dólares

El príncipe Al-Waleed bin Talal es, claramente, un excéntrico. En vez de hacer comunicados de prensa, su personal de comunicaciones envía falsas portadas de revistas como Forbes, Vanity Fair y Time. Aunque no ha salido en la carátula de ninguna de esas publicaciones, sí lo señalaron en 2008 como uno de los hombres más influyentes del mundo. Al-Waleed se codea con Rupert Murdoch (es el mayor accionista de News Corp fuera de la familia Murdoch) y asistió a la boda de Kate Middleton y el príncipe William. Este año protagonizó un pequeño escándalo con Forbes: demandó a la revista por subestimar su fortuna —calculada por él mismo en 29.600 millones de dólares—. Aunque la revista lo nombró “el hombre más rico del mundo árabe”, el príncipe se sintió menospreciado.

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