En los ochenta corría el mito de que cuando un tipo le daba a una de sus amigas bórax en el trago, esta se sentiría liberada, arrecha y se lo daría como por arte de magia. También circulaba por los pasillos de colegios y universidades, además del rock, los copetes Alf y el mal gusto, el rumor de que el bórax combinado con Quipitos haría estragos en las faldas de las quinceañeras en caso de no tener un trago a la mano.

Para aquellos que inventaron tan sabio consejo y los que aún sostienen que ese truco sí funciona, quiero decirles que es mentira. Ni con dulces, ni con ron con Coca-Cola esta pobre estratagema funciona.

No existe ningún polvito mágico que pueda conseguir un polvo real. Cuando lo probé, lo primero que sentí fue un extraño parecido con el polvo de tiza. No sabe a nada, aunque no sepa muy bien a qué sabe la nada, no encontré ningún detalle ácido, dulce, amargo o ligero. Nada de nada. Esparcido se asemeja al polvo para bebés, y de lejos hasta parece cocaína.

De hecho, el bórax es un compuesto que, según la toxicóloga clínica Olga Melo, se utiliza como insecticida, fertilizante, antiséptico y detergente.

Se clasifica como “ligeramente tóxico” para el hombre. Lo que producirá en su presa será irritación en la piel y las mucosas. También cuestiones lamentables como vómito, diarrea y, en altas dosis, depresión neurológica, convulsiones, lesión renal y hepática.

El bórax como tal no tiene ningún efecto hipnótico o sedante. Lo máximo que hará en la pequeña Heidi será deshidratarla al punto de que solo el trago le quite la sed, y como resultado usted no tenga a una diosa sexual desenfrenada, sino a un ternerito muerto de la borrachera.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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