No es tan difícil como parece inventarse nuevos Cartuchos en una ciudad como Bogotá. De hecho, el original, el del barrio Santa Inés, surgió en uno de los barrios más elegantes de la Bogotá de mediados del siglo XX.
En estos días comienza a gestarse uno (dos o tres más, en realidad) que es el barrio La Magdalena, localidad de Teusaquillo, que, de sur a norte, va de la calle 36 al río Arzobispo y la Avenida 39 y, de oriente a occidente, de la Avenida Caracas a la carrera 19. La Magdalena fue declarado de ‘Conservación Urbanística y Arquitectónica‘. Es decir, es parte importante del patrimonio de la ciudad y para los que creen en esas cosas no sobra recordar que allá sobreviven, y bastante bien conservadas, las casas de Laureano Gómez y Gustavo Rojas Pinilla. Un barrio con historia. Y con bastante presente, a pesar del deterioro que han provocado en un par de cuadras las universidades de garaje que convierten calles apacibles en metederos y chuzos de aspecto tugurial.
Como señala el arquitecto y residente Roberto Cioci, "en 1980, la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá convocó a un grupo de residentes de La Magdalena para llevar a cabo la recuperación del parque del Brasil (calle 39 entre carreras 17 y 18), obra que se realizó con la ayuda de la Embajada del Brasil y la Alcaldía Mayor de Bogotá. Esta experiencia despertó la solidaridad y el espíritu cívico de los residentes del barrio, lo cual los condujo a conformar la Asociación pro defensa del parque del Brasil y, años más adelante, a la creación de la Corporación La Magdalena, con el objetivo de trabajar para garantizar la conservación del barrio".
Esta iniciativa iba en perfecta armonía con el desarrollo del Plan Centro, mediante el cual la Alcaldía Mayor busca hacer atractivo el centro de la ciudad, no solo para la actividad comercial sino también para que la gente vuelva a vivir en él. Como señala Cioci, "organismos internacionales especializados en políticas urbanísticas como el PNUD (UN-Habitat) o el Habitat International Coalition, avalados y financiados por otros, como el BID o el Banco Mundial están recomendando desde hace varios años a los gobiernos locales desarrollar programas encaminados a hacer atractivos los centros de las ciudades con el fin de atraer inversionistas para que desarrollen programas de vivienda".
Todo muy bien hasta ahí: poco a poco, las familias habían vuelto a vivir al barrio, atraídos por su belleza arquitectónica y por la excelente relación costo beneficio que ofrecen sus casonas.
Entonces llegaron los autodenominados ‘hogares de paz‘, en los que el gobierno Uribe decidió hacinar en unas pocas casas a centenares de reinsertados, en condiciones precarias, sin ofrecerles ninguna actividad distinta a la vagancia. Con el agravante para los habitantes del sector que varios de estos reinsertados se han dedicado a meter y traficar bazuco (el Parque del Brasil se convirtió en una olla tenebrosa) y a robar y a atracar a los habitantes del barrio. Cuando estos llaman a la Policía les contestan que tienen órdenes del alto gobierno de que no toquen a los muchachos. Y cuando les piden soluciones a las autoridades encargadas del programa de reinsertados, se les responde, con qué cinismo, que "hay que aprender a ser tolerantes". En el gobierno de la Seguridad Democrática, a los habitantes de La Magdalena se les pide que sean tolerantes con la amenaza de secuestro y extorsión, el atraco a mano armada o el robo de carros, que convivan, como quien ve llover, con unas personas que, desde niños, lo único que han recibido es violencia y agresión y el único lenguaje que conocen -no es culpa de ellos, obvio- es el de la ley del más fuerte, la Ley del Oeste.
Resultado, se ha frenado en seco la llegada de nuevos habitantes al barrio y los que allá viven no ven la hora de salir corriendo y venderles sus casas al primer postor. Así, en pocos meses La Magdalena, pilar del Plan Centro y de los planes de ordenamiento territorial, se convertirá en un nuevo Cartucho gracias a la irresponsabilidad del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Qué fácil es hacer patrioterismo barato, señor Uribe Vélez, y qué jodido es hacer Patria, construir nación.

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