La guaya nos rayó la cabeza a todos. Como bartender he conocido a tipos que dicen que no toman cocteles porque piensan que son una mezcla sin sentido de muchos tragos, adornada con una sombrillita y una cereza. Ese ha sido uno de mis principales retos detrás de la barra: introducir la coctelería clásica, esa que se hacía durante la prohibición de alcohol en Estados Unidos; tragos robustos, amargos, secos, con una alta graduación alcohólica. De hecho, por esa época nació el Red Snapper, un coctel parecido al Bloody Mary, pero con ginebra en vez de vodka.

Desde hace rato quería hacer mi propia versión de este clásico, y mi receta tiene más de 20 ingredientes: Tajín —escarchado en el vaso—, jugo de tomate, ginebra (con botánicos de romero, tomillo, albahaca y aceitunas), limón y el secreto: mi “evil mix”, que, entre otros, tiene salsas Worcestershire y Valentina, rábano picante y jerez. El adorno, claro, tenía que ser una tocineta crujiente, porque todo en la vida sabe mejor con tocineta. Tiene 55 grados de alcohol, pero después de ponerle el jugo baja a unos 25. ¿Que a qué sabe? Pues buenísimo, tanto que a pesar de ser un trago que se suele tomar para el guayabo, mis clientes lo piden a cualquier hora.

Dónde lo consigue: 8 y Cuarto (dentro del restaurante Nueve), Cl. 70A n.° 10A-18.

Cuánto le arrancan por uno: $38.000

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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