A raíz de la orgía de sangre (y de dólares) que a nombre de la fe, la esperanza y la caridad armó con La pasión de Cristo Mel Gibson (‘el católico Mel Gibson‘), se han escuchado toda suerte de comentarios contra la paranoia de los judíos, molestos con la película porque los acusa de haber asesinado a Cristo. Que se quejan por todo, que no se les puede decir nada porque se sienten agredidos por esto y por aquello.
¿Y qué pretenden? Ellos deben estar hasta la coronilla de que, al menos desde hace 2.000 años, los expulsen de aquí y de allá, que siempre los señalen. Los confinen a ghettos. Ghettos físicos como el de Varsovia. Ghettos intangibles que, aun en los casos de extrema alabanza, siguen siendo eso: ghettos. ‘El genial físico judío‘, ‘el gran economista judío‘, ‘el virtuoso violinista judío‘.
Por no hablar de los ghettos intangibles mucho más frecuentes. Los que invitan a la prevención, al desprecio, al odio. ‘Hollywood está en manos de los judíos‘. ‘La conspiración judeo-bolchevique‘. ‘La prensa gringa defiende los intereses judíos‘. Si quiebra una fábrica: ‘Tenía que ser de judíos‘. Si el negocio es un éxito: ‘Claro, es que son judíos‘.
Estoy muy lejos de simpatizar con el terrorismo de estado que adelanta Israel en contra de la población civil palestina. Como tampoco soy para nada amigo de las religiones basadas en una Verdad Revelada que defiende la existencia y los supuestos derechos divinos de pueblos escogidos y a nombre de un Dios Verdadero para justificar atropellos como los que se cometen en Cisjordania y Gaza. Desconfío de esas lecturas extremas que se hacen a nombre de tales credos para justificar las Cruzadas o los horrores del fundamentalismo islámico.
Pero sí los entiendo cuando se aíslan, cuando marcan territorio. No debe ser nada fácil cargar en el código genético o en la memoria colectiva o donde sea 2.000 años de humillaciones, maltrato, matanza y expoliaciones.
Y también estoy en contra de que a los judíos se los señale todo el tiempo. Como los estoy señalando en esta columna contra mi voluntad pues no se me ocurre un nombre digno, respetuoso, que agrupe de manera correcta a este conglomerado humano. Es una falta de respeto contra su religión, su cultura, contra la gran diversidad de nacionalidades, de credos, de matices y de enfoques que existen dentro de su comunidad. Porque entre ellos los hay, desde religiosos devotos en extremo hasta laicos y ateos. Y a todos solemos meterlos en el mismo costal. El costal de las generalizaciones y los simplismos que llevan tan fácil a la intolerancia y el odio. El mismo que permite concluir que todos los judíos de los últimos 2.000 años son culpables de la muerte de Cristo.
Basta leer estos textos que siguen, a los que se les ha hecho un breve retoque para entender mejor a qué me refiero.
"Un nuevo incidente con disparos al aire protagonizó el católico Faustino Asprilla. Esta vez fue en la Isla del Rosario, cerca a Cartagena, donde el futbolista protagonizó el escándalo".
"El Deportivo La Coruña venció ayer 2-1 en tiempo de compensación a la Real Sociedad gracias a un autogol del católico Aitor López Rekarte".
"El jefe paramilitar colombiano, el católico Salvatore Mancuso, declara que las Auc ya no ejecutarán más de tres personas al mismo tiempo".
"La católica Carlina Rodríguez hizo parte del grupo de congresistas conocidos como lentejos, que estuvieron al lado del ex presidente Ernesto Samper durante la época del conocido proceso ocho mil".
"El católico Fernando Londoño ha dedicado su vida a defender los intereses del capital transnacional en contra de los intereses de la nación".
"Ciento cuarenta y ocho efectivos católicos del Ejército Nacional, entre oficiales y soldados, están involucrados en uno de los casos de corrupción más graves de los últimos años en Colombia".
"En el Senado, la católica Claudia Blum no fue avisada de la votación y salió de manera desprevenida al baño".
"Por no justificar el incremento patrimonial en sus cuentas, la Procuraduría General de la Nación destituyó e inhabilitó por cinco años para ejercer cargos públicos al coronel en retiro Royne Elías Chávez García, de origen católico, ex jefe de seguridad del ex presidente, el también católico Andrés Pastrana".
Suena jarto, ¿verdad? A mí, que no soy católico practicante ni mucho menos, el anterior experimento me agrede profundamente.

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