Yo no sé si llamarla regla, periodo, menstruación, menstrua, Doctor Rojas, La visita, Andrés (el que llega cada mes) La Pacha, Pacho, Caperucita, Happy Days, o tanto otro nombre con la que por años, mis amigas lo han bautizado. Lo único que sé, es que este año ya se cuándo me llegará. Lo sé, además, con fecha y hora exacta. Ya lo marque en el calendario, con un discreto punto rojo.

Por eso, no me vestiré de colores claros, ni usaré ropa pegada, ni trataré de tener sexo, aunque esto será lo más difícil, al menos a ciertas horas. Si me invitan a un paseo en tierra caliente, tendré que usar un buen Tampax (con aplicador) o inventarme una buena excusa (que la tengo) para no ir, si en especial no hay Direct Tv o si no van más regludos como yo.

Además, estaré de mal humor si me cambian de canal, si me llevan a hacer compras a Carrefour, Éxito o Homecenter, si me piden que vaya a una reunión, a un desayuno de trabajo, o a saludar alguna tía, abuela o prima, por querida que sea. Reitero, en esos días quiero quedarme en la casa y no tener que ir a un bautizo, o cualquier actividad que me implique despegarme del televisor o dejar de andar en pantaloneta. De verdad, lo siento, pero tengo la regla, la pacha, la visita!

Debo ser sincero. Nunca pensé que me llegaría. Nunca pensé que escribiría sobre la menarquía (termino médico que designa la primera regla menstrual y cuyo promedio es a los 12 años) y menos, que lo haría luego de haberla vivido mucho antes de esas edad.

Yo, que desde que nací he sido y me he considerado hombre, con mis cromosomas XY, con las virtudes y defectos que tenemos casi la mitad de la población, nunca pensé que entendería lo que es un periodo menstrual, ni mucho menos que sentiría sus efectos.

Para colmo de males, mi regla es irregular, -no me dura de tres a cinco días como a la mayoría de mujeres- sino que me dura un mes. Me llega, eso sí, con una exactitud precisa, que envidiarían las adolescentes, cada 4 años. El médico, me dijo además que será de por vida. Que no habrá menopausia y que además, la dismenorrea, no me dará por culpa de la misma, sino por aquellos periodos largos de ausencia. Que de pronto, un domingo me llegará. Que de pronto me cogerá por razones extrañas y en ligas o zonas que uno nunca se imaginó (Perú, México, Turquía). Lo único que me tranquiliza, es que me dijo que no soy el único. Que el 80% de la población masculina también la sufre, y que no respeta clase, estrato ni mucho menos religión.

Desde que sé que de nuevo me llegará, y como la he extrañado desde el 9 de julio de 2008, cuando el árbitro argentino Horacio Elizondo señaló el terreno de juego del estadio de Berlín, luego de que el italiano Grosso enviara el balón al fondo de la red -en el quinto disparo desde el punto penal- he tratado de compartir con mi esposa, y en especial con mis amigos, el tema.

Les he dicho que ellos ya saben cómo me pongo. Lo que me duele. Lo que me molesta. Lo sensible que soy con el tema. Les he pedido, suplicado, que por favor, me traten con más cariño en ese mes y en los días previos, que no me molesten, que no lleven a paseos, reuniones, actividades, si no es para hablar del tema. Les he enviado documentación de que el Síndrome Premenstrual (SPM), es difícil y que todos sabemos que genera síntomas tanto físicos como psicológicos, y que uno, no es la excepción.
Por eso, y porque mis jefes también saben del tema, les he dicho con suficiente anticipación, y por escrito para que no se alarmen en la EPS, que esta vez la regla me empieza justo el viernes 11 de junio a las 6:30 a.m. hora colombiana. Es claro que el dolor menstrual me afectará y en algunos casos me dificultará el desempeño de actividades académicas, hogareñas y laborales normales.

Por eso es normal que desde ya ellos sepan que no iré a la oficina, que de ir, llegaré un poco más tarde que de costumbre, que de pronto tendré que retirarme de las reuniones sin explicación alguna y con algo de rubor, y en un pique digno de Usain Bolt, justo a las 9:30 a.m. y por 90 minutos, y que algunos días, en especial al comienzo, me retiraré además a las 1:30 en punto, y no precisamente para almorzar.

La ventaja es que a mis jefes y a mis amigos también les da. Es increíble, pero nos sincronizamos todos, nos llega justo y a tiempo. Por eso, y como parte de un tratamiento, hemos organizado jornadas de apoyo sicológico conjunto, con desayuno, cervezas, picadas y ropa cómoda, en las que nos hemos prometido abrazarnos, gritar, sufrir, hacer apuestas, para pasar el rato y hacer menos dolorosa la jornada.
Debo confesar que además, como me llega cada 4 años, desde el pasado mundial decidí calcular lo que me iba a ahorrar frente a mi esposa en el tema, en especial en toallas, Buscapinas, Calmidoles, chocolates, etc. y metí mes a mes esa plata a un fondo de inversión. Hoy, cuando fui a consultar el saldo, me dijeron que con el ahorro me alcanza para un tv de plasma, un balón oficial, y un buen teatro en casa.

Con el paso de los años, y desde España 82, cuando me llegó por primera vez, sin saber muy bien el porqué y a una edad de 6 años, puedo confesar que cada momento, que cada partido es como un pequeño cólico. Debo ser sincero y decir que de vez en cuando tengo momentos de sangrado (justo me dan miércoles a las 8:30, los domingos a las 3:30 p.m. así como todo el fin de semana sin explicación).

Poco a poco, y con más de 7 mundiales encima, puedo decir que he aprendido métodos de relajación para sobrellevar –porque no la quiero superar- la regla, la pacha, la visita. Los momentos más duros han sido en el 90, cuando Roger Milla le robó ese balón a Higuita y nos quitó el aliento a todos; o en el 94, cuando todo se derrumbó desde antes de empezar, y no sólo porque ante Estados Unidos, Andrés Escobar cometiera ese triste autogol; o en el 98 cuando vi a Farid Mondragón empapado en lágrimas compartiendo a la distancia, conmigo y millones más, su dolor e impotencia.

Son momentos de la regla que no me han pasado. Que me duelen. Que me han generado depresión, lloradera y ganas infinitas de chocolate. Igual, a lo que sentí en el 86 cuando el mundial que iba a ser en Colombia se fue para México, o cuando en Japón y Corea, y en Alemania no vi por ningún lado a mi selección.

Hay que aceptarlo, a pesar de estas tristezas, debo confesar que siempre me alegro que me llegue la regla, la Pacha, la visita. Eso quiere decir que sigo vivo, que sigo enfermo, que no me he curado, y que no me curaré de este buen dolor.

Una vez más, estoy listo para ver y ver fútbol, para repetir goles hasta el cansancio, para imitar jugadas, para armar el álbum, y sólo hablar de eso durante todo un mes.
Seamos sinceros, el fútbol, y en especial el mundial, es y será por siempre, la regla, el periodo, la menstruación, la menstrua, el Doctor Rojas, La visita, Andres (el que llega cada mes) La Pacha, Pacho, Caperucita, Happy Days, de la mayoría de los hombres.

A los que no les da, a los que no les llega, a los que no la han sentido, creo que están en problemas. Creo que son seres sospechosos, y por eso, sin que me lo pidan, les doy un buen consejo, vayan donde un ginecólogo, (aunque sea la primera cita) hágase una prueba de sangre. Su situación es extraña y, sin duda, ¡probablemente embarazosa!

 

confesionesdeunhincha@yahoo.com

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