David Bowie va en contravía de todos los rockeros mayores de cincuenta, la mayoría de ellos víctima de un proceso de reblandecimiento musical que los lleva a cantar ligerezas para mantenerse vigentes. Citarlos con nombre y apellido sería una descortesía, pero es repugnante verlos rogándoles a los DJ que les remezclen las canciones para que las pueda digerir un adolescente, o moviendo las caderas como si les hubieran robado el aro de ula-ula, o 'regalándose' para dúos con algún rapero gringo con cara de asco social.
Pareciera que Bowie envejeciera al revés, que ya hubiera agotado su cuota de musiquillas baratas en los ochenta, cuando grabó cosas como Let's dance o China girl (y, claro, Modern love), y que ahora estuviera decidido a envejecer con una dignidad a prueba de tentaciones comerciales. Se nota desde Heathen, su álbum anterior, repleto de tesoros que no pudieron llegar a la radio (seguramente por aquello de que los DJ de emisoras no exhiben siquiera la mitad de dignidad de Bowie y están dispuestos a envejecer afectados por una sordera con aires de analfabetismo) y está claro ahora con Reality, una colección de once piezas que logran transportarnos al buen Bowie de los setenta sin que podamos atrevernos siquiera a pensar que el 'Camaleón' se camufla en los colores del ayer o está seduciendo a los menores de 25 con música que tiene más de 25 años de compuesta y cantada. Y pensar que Bowie dijo hace poco que se le están olvidando las letras de sus canciones: lo que no se le ha olvidado ni por un instante es hacer canciones.
Reality
David Bowie
Sony

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.