Pocas cosas pueden compararse a tomarse un buen vaso de whisky con el viento de las Highlands escocesas golpeando el rostro. Un tour por los lugares donde nace la más fina de las bebidas espirituosas propone desde el principio una mezcla de sensaciones casi nunca experimentadas. Si un buen vaso de "amarillo" invita a remontarse a los lugares de su origen, degustarlo al lado de una verde pradera o en un poblado de construcciones gris granito como las que abundan en los más de 78.000 kilómetros cuadrados del territorio escocés es, cuando menos, un acontecimiento para la vida.

Aberdeen es la tercera ciudad de Escocia, a menos de dos horas de vuelo desde París. Es el perfecto inicio para el viaje que sigue y que deberá incluir, de manera obligatoria, una escala larga en Speyside, región del noroeste de cuyas aguas se obtiene lo mejor de una bebida con 200 años de historia. En esa región se agolpan la gran mayoría de las más de 100 destilerías escocesas y se producen casi 40 tipos diferentes de maltas, cuya mezcla produce el mejor de los whiskies.

Nadie sabe exactamente qué es lo que hace tan especiales a las maltas producidas en Speyside. El clima, dicen algunos, las aguas del río Spey que irrigan toda la zona, dicen otros. Lo cierto es que los fabricantes del célebre Johnny Walker decidieron que su destilería debería estar ubicada allí mismo, en la región llamada Cardhu, y cuyo nombre es también denominación de origen para una de las maltas que hacen parte del proceso de fabricación de ese y otros whiskies. Si algo asombra particularmente allí, tratándose de tan reconocida bebida, es el nivel casi artesanal de producción del licor, en el que participan unos pocos expertos. La destilería de Cardhu existe desde 1811, y a finales del siglo XIX fue adquirida por la familia Walker.

Un recorrido por los poblados aledaños a las destilerías de Speyside incluye el paso por Aberlour, el pequeño pueblo de los Walker que conserva, como pocos, el espíritu de la tierra de William Wallace y Robert de Bruce. Allí son famosas las galletas escocesas y platos muy típicos como la carne de cabra y venado, así como unas torrejas muy similares a nuestra pepitoria santandereana, llamadas nappis. Rumbo al occidente, camino hacia las demás destilerías, es imposible no pasar por la ciudad de Inverness y su atracción turística mayor, el famoso lago Ness. A Nessie, el célebre monstruo que se supone habita bajo sus aguas, es muy fácil verlo en versión souvenir, convertido en muñeco de felpa, en escultura o impreso en una de las camisetas que venden en la tienda del lago.

El camino seguirá por el centro del país, luego de atravesar praderas de un verde intenso en las que andan libres corderos y venados. En los montes Grampianos se encuentra la destilería Dalwinnie, en donde se fabrican otras maltas, incluidas las que participan de la mezcla del whisky Buchannan's. La historia de esa fábrica ha sido de ires y venires, de cambios de actividad (se convirtió en destilería después de ser posada) y de cierres que terminaron en 1998. Desde ese entonces, el proceso de destilación de alrededor de 15 maltas es vigilado por un personal de apenas seis empleados.

Una semana es suficiente para hacer este recorrido por tierra hasta Edimburgo, la gótica capital escocesa. Allí la historia es otra, pero el clima ayuda enormemente a seguir disfrutando de las mieles del whisky. Al fin de cuentas las reservas del llamado "oro líquido" superan hoy los 3.000 litros en Escocia. Lo que hay es trago. Y recuerde que allí la manera típica de decir salud es: "¡Slainthe Mhath!".

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.