Glosario (guía breve para que no lo tumben)

El cigüeñal: No sea terco, hombre, no es el motel del primo de un dirigente político. Tampoco una hacienda de miles de hectáreas expropiada a algún bandido. Y, por si acaso, no tiene que ver con úteros ni con formas de evadir temas reproductivos a la hora de hablar con un niño. El cigüeñal es, en pocas palabras, un eje donde el movimiento ascendente y descendente de los pistones se convierte en circular para que el carro ande. ¿No entendió? ¿Le vale huevo? Bueno, lo realmente importante es que el mecánico que estira la trompa, se rasca el pelo por debajo de la cachucha y le dice que se le rompió el cigüeñal puede no estar tumbándolo. Y, ojo, el daño puede costarle más que la tercera fase de TransMilenio.

La chumacera: Aprobada por la Real Academia Española de la Lengua, chumacera es una palabra técnica que describe los apoyos extremos del cigüeñal. Importante saber que los carros nuevos ya no vienen con chumaceras. Pilas: no use la palabra como sinónimo de disputa, riña, bonche, bronca, coñacera. Le recomendamos que respete el lenguaje y deje de decir, después de una fiesta con Armando Benedetti, que “se armó una chumacera la hijuepucha”.

La correa de repartición: Funciona con los carros como con cualquier hombre goloso y sedentario después de los 30 años: le toca cambiar de correa cada tres años, más o menos. En el caso de los carros, cámbiela después de ese tiempo o de unos 50.000 kilómetros (ojo, cada marca tiene su propio kilometraje de cambio, por eso es clave que revise el manual de su carro para que no se le pase). Entienda de una vez por todas que no es un mito: si se le rompe la correa ­—o la cadena— de distribución, una parte falla detrás de la otra, el motor se vuelve nada y termina costándole más el arreglo que el vehículo mismo.

Los caballos de fuerza: Técnicamente, la expresión no existe y, aunque es inspirada en la fuerza de un corcel, no tiene nada que ver con temas ecuestres. Hay publicaciones académicas que demuestran que algunos chicaneros colombianos muy reconocidos han dicho en reuniones sociales que sus camionetas no tienen caballos sino percherones de fuerza. Si usted es uno de esos pelmazos, respetado lector, por lo menos sepa que se dice “caballos de potencia” y que la medida establece cuánta energía se produce en el motor en un tiempo determinado. A la hora de comparar, es bueno entender dos cosas: 1. Los hp (del inglés horse power) son claves para saber la velocidad final de un carro, pero no necesariamente el pique inicial. 2. Para tener un punto de comparación, un Fórmula 1 puede tener 800 caballos de potencia y un Volkswagen escarabajo viejo, alrededor de 40.

El chicler: Del francés chicleur, que significa orificio delgado —ojo con el humor “negro” o los chistes fáciles—, era el encargado de dosificar la cantidad de aire o combustible que entraba a cada cilindro en los automóviles de antes. Pero ya los carros no lo traen hace años. ¿Entonces para qué lo incluimos? Pues para que por lo menos dude cuando le digan que a su carro se le dañó el “chicler de mínima”.

El mofle: Puede usarse como diminutivo de moflete: colombianismo que describe ese exceso cárnico que hace lucir hinchada la parte baja y lateral de la panza, muy mentado en piscinas y ríos para describir el cuerpo de un tío. En jerga automovilística, sin embargo, la palabra mofle viene del inglés muffler, que puede significar silenciador. Y el mofle es eso: un reductor de ruido para que el carro no contamine auditivamente más que una caravana de Harleys.

La balinera del mofle: No existe, como no existen los Word Games Cali 2013. No se deje robar: si le dicen que le cambie la balinera del mofle al carro, más bien cambie de mecánico.

La culata: Una de las frases más miedosas que le puede soltar un mecánico a uno es “se le dañó el empaque de la culata” (¿Qué dijimos de los chistes fáciles). Eso puede traducirse en tener que dejar en el taller la plata que tenía destinada para la matrícula del colegio de sus hijos, por ejemplo. Porque la culata es importantísima: sella por encima el motor, ayuda a refrigerarlo, y en sus cámaras de combustión se genera la potencia. Y con que se le dañe un empaque, todos esos procesos pueden fallar.

El cárter: Bautizado en nombre del expresidente gringo Jimmy Carter, quien obtuvo el Premio Nobel de Paz precisamente por ayudar a “lubricar” la paz mundial, el cárter es el recipiente que recibe el aceite después de que pasa por todas las partes del motor y las ayuda a funcionar eficientemente. Si su carro gotea aceite, sí, créalo, puede tener un problema en el cárter.

El torque: Se mide en libras por pie, kilogramos por metro o newtons por metro, pero mejor no se enrede: sepa simplemente que es la fuerza de arranque y que un carro con mucho torque (600 Nm es un valor de torque alto, como de un deportivo) puede llegar a 100 kilómetros por hora en menos de 5 segundos. Uno chiquito, con poco torque (60 Nm), se puede demorar más que el América de Cali en la Lista Clinton.

La congargaña: Expertos consultados de los cinco continentes coinciden en que si le mencionan esa palabra debe cambiar de taller inmediatamente —incluso de taller de autoayuda, de meditación o de lectura rápida—: lo están robando!

El árbol de levas: Limítese a saber que si le dicen en un taller “uy, hermano, se le jodió el de levas”, no se debe tocar las partes: puede que solo sea un daño en el motor de su carro. Porque “árbol de levas” no es un coloquialismo tallerístico para referirse al miembro masculino; pero existe y, sí, está dentro del motor. Conocido también como eje de levas, es el encargado de abrir y cerrar las válvulas para que entren y salgan aire y combustible —fresco y quemado— a los cilindros, haya un proceso de combustión y, al final, el carro se mueva.

Preguntas básicas

¿Cada cuánto hay que llevar el carro al taller?
Como usted al médico: si no le duele nada, una revisión al año está bien. Ahora, si por ejemplo le está sonando el exhosto más de la cuenta, busque ayuda urgente, que puede estar contaminando, incluso pasando aceite. Y pida siempre que le revisen las pastillas, los líquidos, los filtros.? Y al carro también, no sobra.

¿Por qué dicen que es malo lavar el motor?
El motor de un vehículo tiene muchos elementos electrónicos que se pueden dañar cuando se les apunta con las mangueras a presión con las que se suelen lavar los carros hoy en día. Pero si usted es un metrosexual automotor, de esos que piensan que ver el carro bien es sentirse bien, póngale bolsas plásticas sobre las conexiones electrónicas, fusibles y demás para evitar contratiempos.

¿Es verdad que un carro funciona mejor al nivel del mar?
Sí. Por temas de presión atmosférica, densidad de oxígeno y física de bachillerato con los que no lo pensamos aburrir, el motor funciona mejor y la gasolina dura más al nivel del mar que a 2600 metros más cerca de las estrellas. Le recomendamos tanquear con extra a nivel del mar; su carrito se lo agradecerá.

¿El motor funciona mejor con gasolina extra que con corriente?
Los carros modernos deberían funcionar al pelo con corriente. Pero tenga en cuenta que la extra trabaja muy bien a menos de 2000 metros sobre el nivel del mar, también por cuestiones de oxígeno, presión, etcétera; a esa altura, o menos, de pronto sí vale la pena que se meta la mano al dril al tanquear.
¿Cada cuánto hay que echarle agua al radiador?
Si no hay fugas, prácticamente nunca. Y hoy en día debe echarle un líquido refrigerante, a menos que esté en una situación desesperada: por ejemplo, que en pleno paseo dominguero el carro se le recaliente y solo tenga a la mano un líquido diferente, como guaro o agüepanela (si a Nairo Quintana le funciona en subidas, ¿por qué a su vehículo no? ).

¿Es mejor un carro con gas que con gasolina?
El gas es más económico y más ecológico, pero un carro con motor a gas puede tener alrededor de 15 % menos de potencia que uno que usa gasolina. No descarte los motores diésel: son los más económicos en cuanto a costo por kilómetro —incluso más que los de gasolina—, y tienen mejor torque que los otros dos. Además, las tanqueadas rinden y rinden que da gusto.

¿Qué significa que los carros sean de inyección?
Literalmente, que su sistema funciona igual a una inyección: una especie de jeringa electromecánica le inyecta, en dosis exactas, combustible atomizado al motor para que todo funcione sin problemas.

¿Cuándo hay que chupar para sacarle un mugre a la gasolina?
¿Tiene un recuerdo trágico de su papá chupando gasolina de una manguera de aquel Chevette amarillo de la familia? ¿Le duele recordar la burla de sus amigos que lo pescaron en esas en el parqueadero de un centro comercial? Aunque acá no estamos para resolverle sus traumas, quédese tranquilo que en los carros modernos ya no debería tocar chuparle mugres a la gasolina. Si ve a alguien en esas, mejor búsquele ayuda en un centro para adictos.

¿Quién carajos les pone los nombres a los colores de los carros?
No es una pregunta estúpida, señor lector. Seguro usted siente vergüenza cada vez que saca la tarjeta de propiedad que dice “rojo ferrari”, “verde espectral”, “azul de metileno”, “violeta de mil colores”. No es su culpa, fresco, sino de los mismos que bautizan los carros: un grupo de ejecutivos, expertos en marketing —y en traducir hasta el término más sencillo a inglés para volverlo más cool—, investigadores, filólogos y semiólogos. Se preguntará por qué tanto misterio. Pues para que, al llevar el modelo y el color a otros países, no ocurra lo que pasó con un campero con el sugerente nombre de Pajero, que no es precisamente para adolescentes ni para seminaristas.

¿Son mejores los carros que traen cilindros en V o en línea?
En los motores en V, los cilindros están dispuestos de tal manera que forman esa letra: la V. ¿Y adivine cómo están los cilindros en un motor en línea? Aplausos para el que dijo que en una línea recta. También hay en forma de W y estrella. Pero no se estrese por eso: al final da prácticamente lo mismo para el rendimiento de un carro normal.

¿Cada cuánto debo cambiarle la batería a un carro?
En Colombia, cada uno o dos años, máximo. Ahora, hay países muy desarrollados donde se están vendiendo baterías que duran hasta cinco años. Ojalá en un futuro...

¿Es verdad que hay carros que parquean solos?
Sí, aunque solo parquean en paralelo: detectan a través de sensores el espacio al lado del carro, miden si cabe y maniobran automáticamente el timón y los frenos hasta que queda mejor parqueado que prófugo colombiano en Panamá. No es por hacerlo sentir viejo, pero incluso el auto fantástico, que para usted era pura ciencia ficción televisiva, hoy es una realidad. No se extrañe si en menos de una década ya ve carros sin conductor transitando por las calles.

Etiqueta de conductor

¿Puedo manejar con el brazo por fuera?
Puede hacer lo que le dé la gana: George Clooney se mandó alisar el escroto y no pasó nada. Pero entienda que usted no es Clooney, deje de portarse como una celebridad: bájele a ese chispum que oye a todo volumen y no saque el brazo para cambiar de carril: ¡para eso existen las direccionales!

¿Qué tan recostado tiene que estar el asiento?
Si se quedó en los ochenta, se autodefine como un cocacolo y usa expresiones tipo “superbién pero nada que ver”, usted es caso perdido: recueste ese espaldar hasta que quede como una cama? y de una vez póngale forros Forrari y timón de Fórmula 1. Si, por el contrario, dejó de chillar llantas —y de vestirse como César Augusto Londoño— cuando cumplió la mayoría de edad, recuéstelo solo un poquito: los expertos recomiendan bajarlo hasta que las muñecas queden a la altura del timón.

¿Levanto más si ando a mil y hago calzoncillos?
Sí, claro. Y también si se deja el candado para verse más play al volante.

Si estoy en una cita y me varo, ¿debo abrir el capó para que ella piense que sé de mecánica?
Es una pendejada, pero puede hacerlo, usted ya está grandecito. El problema es que si la vieja sabe algo de mecánica, usted va a quedar como el farsante que es, porque ­—a menos que sea un real experto en carros— no va a poder hacer nada en un motor moderno, que viene sellado.

¿Compro un convertible si tengo crisis de adulto?
Nosotros, de ser usted, meteríamos esa plata en un fondo de pensiones. Más vale asegurar una vejez tranquila que chicanear con un carro que se le verá como unos pantalones forrados y de colores a un cincuentón.

¿Puedo polarizar un carro?
Solo si tiene problemas de seguridad o va Manuel Teodoro y le da pena que lo vean con él.

5 consejos para comprar un carro usado

1. Haga la revisión documental legal y asegúrese de que todos los papeles del vehículo estén en regla. Pida siempre el certificado de tradición y libertad, que es como el pasado judicial de un carro, y este le dirá si está libre de delitos. Si compra en un concesionario, pida un documento que garantice que allá hicieron toda la investigación respectiva y que el carro está ‘limpio’. Uno nunca sabe.

2. Suena obvio, pero no todo el mundo cumple esta regla: hágale un buen peritaje. Es importantísimo que esté bien de motor, de caja, de suspensión, que le prendan todos los bombillos del tablero, que las luces estén bien… No se confíe así lo vea bien cuidado.

3. Mande revisar también la carrocería y la estructura. Solo así podrá estar seguro de que no sufrió un golpe muy duro y, sobre todo, no quedó mal arreglado después de un totazo. Un dato que le puede servir: el concesionario Autonal tiene un centro de inspección de carros usados donde miden al detalle, en décimas de milímetro, si el chasis tiene alguna desviación o fisura y revisa si las piezas del vehículo —como el panorámico, por ejemplo— son originales.

4. Fíjese en el índice de depreciación. Como el valor de un carro cae considerablemente con el paso del tiempo (algunos pueden costar la mitad después de un par de años de uso), es importante que el automóvil que usted va a comprar, al que le va a meter sus ahorritos o por el que se va a endeudar, no se convierta muy rápido en un pésimo negocio.

5. Una cosa es el gusto y otra la practicidad: cómprese un carro útil para sus necesidades: si solo tiene que ir de su casa a la oficina, por ejemplo, no compre un carro enorme, tragador de gasolina, difícil de parquear y de impuestos impagables. Es mejor que tenga buena representación en Colombia, que se pueda arreglar en muchos talleres y que, en caso de necesidad, se venda bien rápido.

Frenos: el abc de los ABS

ABS: Si quiere comprar un carro, pero se da cuenta de que este no viene con frenos ABS, lo mejor que puede hacer es buscarse otro que sí traiga este sistema de frenado. Las siglas obedecen al inglés Anti-lock Braking System, que significa, en castellano de mecánico del Siete de Agosto, que las llantas no se bloquean cuando frena muy duro y le permite maniobrar la dirección para evitar accidentes, sobre todo en terrenos resbalosos.

ABS + EBD: No sea malpensado: no es una fórmula matemática inentendible, tampoco una dupla de enfermedades venéreas que se adquiere al echarse una canita al aire en un lupanar caraqueño —hablamos de la avenida, por supuesto—; es el mecanismo antibloqueo ya mencionado, pero recargado con EBD (Electronic Brake Distribution), un sistema que distribuye la frenada de acuerdo con la carga de pasajeros y maletas. Así, el carro sabrá dónde aplicar más fuerza de frenado a la hora de una emergencia.

ABS + EBD + ESC: Tranquilo, las siglas ESC no significan escape, como piensan algunos entusiastas de los carros que crecieron en la era de los computadores. ESC quiere decir Electronic Stability Control, y su función es controlar la trayectoria del vehículo de acuerdo con la posición del carro, la velocidad, el peso y la estabilidad del terreno a la hora de pisar el freno. Mejor dicho, frena cada llanta independiente y es más inteligente, incluso, que Stephen Hawking.
Buggy buggy
Hay vehículos que no solo funcionan para ir de un lado a otro sino también para divertirse, y el Maverick es el ejemplo perfecto. Con 101 caballos 1000 XRS y capacidad para dos o cuatro personas, este auto para hacer deporte es muy ágil, cómodo y fácil de conducir. ¿Quiere uno? Como sabemos que sí, le recomendamos que lo busque en IMB Colombia (Bogotá, Av. 9 n.° 124-06, teléfono 612 7961; Medellín, Cl. 16 AA Sur N.° 42-95, teléfono 313 2210).

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