Hace poco más de seis meses, Alejandra Solanilla decidió dedicarse a hacer lo que le apasiona: pintar a la Virgen de Guadalupe en cuadros en los que el color se mezcla con encajes, lentejuelas, telas y flores.

Un viaje a México fue la inspiración: la cultura, las artesanías y la devoción infinita por ese ícono de la religión la inspiraron para hacerle un cuadro de regalo a su mamá. Hoy ha pintado —y vendido— más de 400, cifra que seguro se multiplicará porque sus creaciones han sido todo un éxito.

Aunque Alejandra es una artista innata, antes de tomar la decisión de convertir su hobby en oficio, estudió Arquitectura e hizo una especialización en Gestión de Desarrollo Humano. Trabajó cinco años en esos temas, pero llegaba a su casa por la noche y no dormía por pintar sus cuadros. Finalmente, decidió renunciar a su cargo e irse a recorrer el camino de Santiago de Compostela, una experiencia que le reafirmó su convicción: hay que hacer lo que a uno lo haga feliz, el resto llega por añadidura.

Los cuadros de La Guadalupana son una obra de arte que les sienta bien a los espacios y a la gente. Por eso es que tanto ateos como creyentes la están buscando para tener una en su casa, unos por devoción, otros porque disfrutan del arte y de esta Virgen como un símbolo que representa toda una cultura. Si le interesa conocer los cuadros, del 19 al 22 de marzo esta artista expondrá en la carrera 13 n.° 78-98, local 2.

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