Sucedió el miércoles 9 de septiembre de este año, en un partido entre mi Lanús y Vélez Sarsfield por los cuartos de final de la Copa Argentina. Un camarógrafo atento captó la escena. De espaldas al delantero de Lanús Junior Benítez, el defensor de Vélez Emiliano Amor le pega un golpe cruzado a la altura de los riñones. Benítez no se inmuta. Amor le mete otro cruzado. Benítez ni se mosquea. Tal vez exasperado ante la indiferencia del futbolista al que estaba provocando, Benítez le mete un dedo en el culo. En un acto de profesionalismo por el que algún día deberán premiarlo, Benítez continúa atento a la jugada: ni siquiera se queja ante el árbitro, nada de nada. El partido termina 1 a 1, pero Lanús se impone en la definición por penales y se clasifica para las semifinales de la Copa. Durante la semana, la escena rebota en los periódicos y en la televisión. Jugando con el apellido del jugador de Vélez, el diario deportivo Olé titula con acierto: “Amor en la cola”. Luego, Amor concede una entrevista televisiva. Dice que lo llamó a Benítez para pedirle disculpas, que está arrepentido de lo que hizo, que él no es así.

¿Cómo se le piden disculpas a una persona por haberle metido el dedo en el culo? ¿Qué se alega? ¿Emoción violenta, posesión demoníaca, curiosidad irrefrenable? ¿Le habrá dicho “es la primera vez que me pasa”? ¿Lo habrá invitado a tomar un café? Imaginen, solo imaginen, que un hecho similar ocurre en un partido de fútbol amateur, de esos que apenas tienen por público a amigos y familiares de los jugadores. Muy probablemente hubiera sido el germen de una guerra civil: un todos contra todos interminable, litros de sangre derramada sobre las camisetas, nudillos rotos y, lo peor de todo, el partido suspendido para siempre. Esto nos lleva a una conclusión extrañísima, pero irrefutable: la institución del futbolista proctólogo solo es posible cuando los jugadores son profesionales. Sin embargo, por sus características, el tacto rectal es una jugada (por llamarla de algún modo) imposible de ser practicada en los entrenamientos, o al menos no conozco a ningún jugador que esté dispuesto a ofrecerse como voluntario.

Todas las jugadas curiosas tienen un especialista. El argentino Claudio Borghi inmortalizó la rabona; René Higuita inmortalizó su escorpión en Wembley. En materia de tacto rectal futbolístico, queda claro que el número uno es el chileno Gonzalo Jara. No estoy seguro de que deba sentirse orgulloso. Todo el mundo recordará el reciente encuentro entre Chile y Uruguay por los cuartos de final de la Copa América 2015. Jara inspecciona al delantero uruguayo Edinson Cavani, Cavani reacciona pegándole una bofetada leve, apenas tocándole la cara. Jara se zambulle en el suelo como si le hubiera caído un rayo, Cavani se va expulsado. Chile termina ganando 1 a 0 y se clasifica para las semifinales de la Copa. Los futbolistas uruguayos no son afectos al tacto rectal, pero son bastante experimentados en cuestión de mañas parafutbolísticas, por lo cual llamó la atención que Cavani cayera en la trampa. Y aun suponiendo que Cavani tomara la decisión consciente de que un dedo en el culo es el límite de lo que puede soportar un futbolista en el campo de juego (y convengamos que se trata de un límite bastante razonable, claro), entonces cabe una segunda pregunta: ¿cómo puede ser que en lugar de ese mínimo roce a la cara de su adversario no se la haya desfigurado a golpes? Si lo iban a echar de todos modos, ¿por qué no se dio el gusto de mandarlos al hospital a Jara y a su dedo? Ante el escándalo internacional, el chileno fue sancionado de oficio por la Conmebol y se perdió el resto de la Copa. En la final de la Copa América, ante Argentina, Jara estuvo bien representado en la platea por su madre, quien se dedicó a escupir a toda la familia de Lionel Messi.

Dije que Gonzalo Jara era el número uno entre los jugadores proctólogos. ¿Por qué? Bueno, por una razón sencilla: ¡es reincidente! El de Cavani no era el primer culo de delantero rival que su dedo (en este caso, el mayor de la mano derecha) palpaba en el campo de juego. En el año 2012 (estuve a punto de escribir “en el ano”, lo juro), durante las eliminatorias del Mundial 2014, Jara hurgueteó al delantero argentino Gonzalo Higuaín. El Pipita solo empujó al chileno, como quien dice “salí de acá”, no hubo expulsiones y Argentina ganó el partido 2 a 1. Hay otro antecedente de Jara que se relaciona con el tacto hacia los rivales, pero en este caso se enmarca en el terreno de la urología futbolística. Fue en 2013, también por las eliminatorias para el Mundial 2014. Su víctima en ese caso había sido el uruguayo Luis Suárez. Jara constató que los testículos de Suárez estuvieran en su lugar, Suárez respondió con un cruzado de derecha, fue expulsado y Chile terminó ganando 2 a 0.

En 2002, Juan Román Riquelme fue expulsado por primera vez en su carrera. Sucedió durante un encuentro entre Banfield y Boca Juniors por el torneo argentino. Román golpeó al defensor Fabián Santa Cruz y el árbitro Fabián Madorrán le sacó la roja directa. Riquelme le dijo a Madorrán: “Fabián, me metió el dedo en el culo (también podría haberle dicho “Fabián (Madorrán), Fabián (Santa Cruz) me metió el dedo en el culo”). Madorrán le creyó, pero no tenía nada que hacer, porque a) ya lo había expulsado a Riquelme y un puñetazo es causa de expulsión; b) ni Madorrán ni sus asistentes habían advertido el tacto rectal de Santa Cruz. Muchos años después, en una entrevista con SoHo, Santa Cruz dijo que el episodio lo había perjudicado mucho: de Banfield pasó sin escalas a Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay, un equipo del ascenso, y nunca más volvió a jugar en primera división. Gonzalo Jara sigue figurando en el plantel del equipo alemán FSV Mainz 05, pero los dirigentes escuchan ofertas por él. En cuanto a Emiliano Amor, el más reciente entre los futbolistas proctólogos, es un chico de 20 años que todavía no lleva un año en Primera. El tiempo dirá si mantiene su afición por el tacto rectal, si su arrepentimiento fue sincero o si, por el contrario, su nariz adquirirá un nuevo formato en cuanto se cruce con un adversario menos paciente que Junior Benítez.

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