Tarea exótica para un curador, adentrarse en el terreno del “arte” en los hoteles de una ciudad. Nuestra misión está siempre vinculada a espacios en donde el arte es la razón de ser: museos, galerías, cubos blancos, como se denominan las salas que se adaptan a los requerimientos de la obra. En los hoteles es lo opuesto; el arte —si es que lo hay— tiene que adaptarse a un concepto de decoración. Y, bueno, ahí ya toca ver en qué terreno del gusto se para cada uno. Hay para todos.

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La pregunta de fondo: ¿qué es arte y qué es decoración y hasta qué punto el uno debe subordinarse al otro? El arte contemporáneo es, además, por naturaleza, rebelde y, sobre todo, muy pensante. Los artistas en la actualidad parten de ideas y conceptos críticos y políticos que les dan vigencia en el complejo circuito artístico. Sin embargo, de todo hay en la viña del señor, y otros tantos creadores rigen su obra desde esa misión del arte que —desde antes pero con su pico en el Renacimiento— ha estado vinculada a la decoración de espacios, en ese entonces iglesias y cortes.

JW

La línea de lujo de Marriott se apuntó un buen detalle: contrató decorador local; un punto en común de todos los hoteles es que quieren proyectar algo de Colombia. Aquí, Miguel Soto, reconocido decorador, involucró materiales autóctonos y piezas textiles de Hechizoo de manera muy acertada y sin caer en los clichés de lo artesanal o la leyenda del Dorado. Este presenta obras de arte como algo integral e importante del ambiente, y para ello se alió con la galerista Beatriz Esguerra en la selección de los artistas presentados: Pedro Ruiz y Cristina Ochoa, en el lobby y espacios comunes, y Carol Young y Santiago Uribe Holguín, en una de las únicas suites presidenciales del país (me enteré de que solo hay dos en Bogotá). Los cuartos replican dos obras múltiples: un origami y un collage de túnica de Ángela Jiménez, quien trabaja con papeles y pigmentos naturales.

B.O.G

Este hotel hace parte del grupo Design Hotels, y es uno de los más deseados por celebrities del mundo. Tiene un concepto de decoración muy sofisticado, liderado por la decoradora de interiores portuguesa Nini Andrade Silva, quien reveló que su proceso fue regido por el encuentro que tuvo con el Museo del Oro. El lobby, imponente, es una interpretación de una mina de oro. Los cuartos son minimalistas pero espectaculares, y la misma decoradora se encargó de hacer las piezas que van en las paredes y que parten de la artesanía local. Son figuras hechas con fique, caña de flecha, platos de La Chamba, cuero de vaca. Creo que no incluir propuestas de diferentes artistas es una falla. Sin embargo, me explican que lo que se vende al cliente es “una experiencia” y esta hace énfasis en la artesanía como única obra de arte.

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Click Clack

Este es otro ejemplo de estos hoteles de autor, liderado por este nuevo género de emprendedores que son ciudadanos del mundo y cuyo negocio —qué envidia— es viajar a ver hoteles por el planeta y hacer una curaduría de objetos contemporáneos o antiguos para su pequeño museo de diseño o “design lab”, como ellos lo denominan. Fue difícil entender su aproximación hacia el arte; encontré un par de piezas que parecían de “artistas”, pero estaban expuestas como un objeto más, y pensé: ¿será que el diseño esconde al autor y el arte lo exalta? En todo caso, los dueños originales del hotel han estado en cada detalle. Tanto así que el kit para incendios está fríamente instalado, pintado y diseñado como parte de la decoración.

Holiday Inn

Mi referente de este hotel es que es el máximo ejemplar de la estandarización. Se replica de manera idéntica por el mundo. Sin embargo, para mi sorpresa, fue el único que planteó una minicuraduría de una artista en sus zonas comunes. Todo un espacio, con fotografías bien señalizadas (es el único en el que hay fichas técnicas, con nombre de autor, fecha). La artista es Beatriz Torres, escogida porque se alinea con el concepto “verde” y ambientalmente consciente del hotel, que se ha certificado como el más autosostenible de todos al dar puntos y descuentos a los clientes si ahorran agua y no emiten CO2. Las fotos de Torres son detalles y zooms hechos a plantas locales. El lema se lo toman tan a pecho que son el único hotel con matas de verdad y cada planta tiene su propia ficha técnica, a la manera de otra obra más.

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Hotel W

Esta cadena de hoteles es una de las que lideran la línea fashion/trendy/hipster en el mundo; de hecho, no quieren ser hoteles como los demás y por ello eliminan esa denominación para bautizarse como “lifestyles”. El lobby parece la entrada de una discoteca, la estética es sombría y los ascensores son cápsulas de luces y espejos y tienen música. El artífice de este concepto es el Studio Gaia, empresa de diseño interior seleccionada que también se inspiró en la leyenda del Dorado, pero para una propuesta más suburbana, expresada en esa marcada tendencia por volver lo marginal parte del arte oficial con la entrada del grafiti a espacios interiores. Pero, paradójicamente, parece que a los grafiteros les gusta la idea, pues se invitó inicialmente al colectivo de Graffitti Vertigo a hacer un gran mural y, posteriormente, se hizo lo que ellos denominan un “throw up”, en el que 13 grafiteros diferentes sobreimponen su sello característico. En el comedor hay también una pieza de Venuz White, que parece inspirada en la estética psicodélica de los setenta. Son figuras orgánicas en vidrio rellenas de líquidos de colores muy vivos que se van iluminando de manera intermitente.

104 Art Suites

Dicen los viajeros ejecutivos del siglo XXI que viven más en hoteles alrededor del mundo que en su propia casa que lo que más se aprecia es la neutralidad en los dormitorios, lo cual es bastante evidente en la mayoría de hoteles visitados (aunque, la verdad, muchos quieren ser tan ubercool que terminan pareciendo bares o discotecas). El caso de 104 Art Suites es lo opuesto, ya que cada cuarto es diferente, y se rige por haber sido comisionado a un artista. Esta idea no es nueva; el hotel boutique de arte existe en varias capitales del mundo. Sin embargo, en el caso de 104, que funciona hace diez años, no ha parecido encajar bien con la clientela, que ha llegado incluso a pedir que quiten una obra por parecer muy diabólica, o a pedir cambio de cuarto porque lo que hay en las paredes le parece muy “feo”. A pesar de estar pidiendo a gritos renovación, este hotel me parece un ejemplo arriesgado, e incluso acertado, para un tipo de clientes que probablemente no son los que llegan ahí. Creo, además, en la necesidad de involucrar a los artistas locales en todos los ámbitos para lograr una buena circulación del arte colombiano. El dueño, reconocido coleccionista, incluyó a varios artistas interesantes como Alberto Baraya, Juan Pablo Echeverri, Marcelo Mejía, Natalia Castañeda, Sofía Reyes, Colectivo Mangle, entre otros.

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