Lo único que queda, lo único que sirve, lo único que tiene sentido es el sentido del humor: esa es la moraleja de la estupenda serie de HBO Bored to Death. Y esa ha sido la lógica con la que su creador, el escritor neoyorquino Jonathan Ames, ha ido construyendo su carrera. Ames, de 47 años, escribió durante mucho tiempo una cruda columna en chiste —una cadena de confesiones sexuales en la que ningún personaje de su vida quedaba de pie— para el semanario New York Press. Fue boxeador. Publicó tres novelas satíricas: I Pass Like Night (1989), The Extra Man (1998) y Wake Up Sir! (2004). En 2008 creó un extraño relato gráfico, dibujado por Dean Haspiel, cuyo título lo dice todo: The Alcoholic. Y en 2009 se inventó esta perversa comedia de televisión, Bored to Death, sobre un joven escritor venido a menos que decide convertirse en investigador privado. El personaje, que se mueve por el decadente mundo de la cultura, no solo se le parece, sino que se llama como él: Jonathan Ames. Y, después de ganarse a pulso a esos espectadores ‘eclécticos’ que van del cómic al stand up en busca de verdades, está a punto de protagonizar una tercera temporada.

El actor Jason Schwartzman es el tipo perfecto para interpretar hombres incómodos, mitad seguros de sí mismos, mitad tontos, que tienden a estar en el lugar equivocado: Wes Anderson descubrió, en Rushmore, el talento de Schwartzman para encarnar una arrogancia que acaba siendo ternura; David O’ Russell lo llevó al extremo de su graciosa desesperación en la comedia filosófica I Heart Huckabees; y Sofia Coppola, su prima, usó su capacidad para hacer cara de hombre vacío en la injustamente maltratada María Antonieta. Pues bien: en las dos primeras temporadas de Bored to Death, 16 excelentes capítulos de 26 minutos que juegan con las convenciones de las historias de detectives, Schwartzman ha conseguido ser todo eso al mismo tiempo: ha logrado ser el dueño de un héroe arrogante, desesperado y vacío que no pasa de ser un hombre frágil. El Ted Danson más cínico, el Zach Galifianakis más indescifrable y el Oliver Platt más imponente están perfectos en sus papeles de detestables sujetos del ambiente cultural. Pero es Schwartzman, sin duda, el eje de la puesta en escena.

Si usted disfruta el humor incómodo de la literatura, si le gustan los personajes secundarios que bordean la locura y si es capaz de ponerse del lado de quienes no se lo merecen, Bored to Death es lo que tiene que ver este fin de semana. Este momento, unos meses antes de que comience a grabarse la nueva temporada, es el momento perfecto para ponerse al día.
 

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