2. Salir de cine en la noche y hablar camino al parqueadero. Circulaban historias aterradoras de personas que, por no usar bufanda (o pañuelo) y hablar, perdían la voz pasajeramente o, incluso, sufrían terribles parálisis musculares similares a la de Stallone.

3. Nadar después de comer. Las mamás sentenciaban muerte para el infractor, y confieso que le encontrábamos cierta lógica a lo del ejercicio. Pero se llevaba la prohibición a cosas tan inofensivas como sentarse en el escalón de la piscina o bañarse en una ducha. El agua reconocía las barrigas llenas y daba aviso a la huesuda.

4. Reírse cuando el padre recitaba en misa “lo tenemos levantado hacia el señor”. Sin comentarios.

5. Llevar el Renault al concesionario. Era carísimo (¿lo sigue siendo). Además, ¿para qué, ¡si todos sabíamos que los Renault (4 y 6 especialmente) los arreglaban hasta en las panaderías! Hace poco vendí un Scénic que de fábrica venía dañado y nunca pudieron arreglarlo… ni en la panadería ni en el concesionario.

6. Tomar una gaseosa que tuviera el borde despicado. El vidrio, que supuestamente se camuflaba en el líquido, perforaba el intestino y la persona moría en medio de profundos dolores. Algunos recurrían a la poco ortodoxa técnica de colar con un pañuelo la gaseosa mientras pasaba al vaso. Ahora vienen en envases de plástico.

7. Hacer el amor en Jueves o Viernes Santo. Es decir, tirar, porque se corría el riesgo de que la pareja quedara unida por el pubis hubiera o no amor de por medio.

8. Salirse de una película por mala. No sucede por la simple razón de que hoy los cortos-tráilers cuentan toda la película (así como las secciones de farándula de los noticieros, los trinos, los correos electrónicos, los blogs, etcétera). Cuando entramos al cine, sabemos si nos gusta o no: ya la hemos visto.

9. Hacerse un piercing. Me dicen que hay diminutas regiones del clítoris en las que no están vedados y se recomienda, si hay extrema sensibilidad, practicarse una bifurcación de lengua. En mi época, los aros de metal solo estaban en los llaveros.

10. Excitarse con un comercial de fajas y adminículos realzadores de culos (dice mi buena amiga Liss, que ve a su novio muy excitado con las propagandas de televentas).

11. Socializar. Exponíamos, presentábamos, explicábamos, compartíamos, mostrábamos… hacíamos miles de cosas, ¡pero no socializábamos! Mucho menos se nos ocurría incluir en el vocabulario cotidiano palabrejas puestas de moda por un gobierno.

12. Levantarle la voz al profesor. Hoy en día, hasta una navaja se le puede levantar. Y cosas peores.

13. Acostarse con las primas. Muy revaluado después de que un jerarca liberal palaciego diera el mal ejemplo y se casara con una.

14. Ser ateo y capar misa los domingos. Todos los sacerdotes modernos tienen amigos ateos y puede obviarse lo de la misa diciendo: “Soy católico, pero no practico” (que es como decir, ya que la religión es el opio del pueblo, “soy drogadicto, pero no meto”). Y hablando de meterse, volvamos a las piscinas…

15. Meterse a la piscina con la regla. La verdad nunca me prohibieron tal cosa, pero incluyo la mención a solicitud de Érika, quien me jura que hoy se puede hacer con tampón (la piscina debe conservar, claro, su tapón).

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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