1. La clave de mi éxito fue dosificar las energías para rendir en la tercera semana del Tour. Soy un corredor resistente y como tal, según fueron pasando los días, pude aprovechar esa condición para controlar los esfuerzos y llegar al final en mi mejor forma.
2. tuve un plan de carrera y nunca me aparté de él. En competencias largas es importante evitar desesperarse. Por ejemplo, cuando corredores más explosivos que yo intentaban fugarse, mi objetivo era mantener el ritmo y no perder el tiempo con mis rivales directos, Cadel Evans y Dennis Menchov.

3. Procuro comenzar el Tour con kilo y medio más, ya que durante la competencia perdemos porcentajes grasos de manera gradual. Ese aparente sobrepeso se transformó en una reserva energética que me ayudó a superar las etapas de montaña al final de la carrera.

4. Siempre me destaqué por ser escalador. La contrarreloj no es mi especialidad y cuando se dan etapas tan largas es complicado mantener un nivel alto. Por eso mi estrategia fue sacar ventaja en las etapas de montaña.

5. El ataque final lo hice en el Alpe d'Huez porque no había más opciones. A partir de ahí el equipo corrió para mí, con un control inteligente en las etapas previas a la última contrarreloj. Fueron dos días en los que traté de recuperar mis músculos y acumular fuerzas.

6. Dormir bien alimenta más que la comida. Durante el Tour es vital descansar unas 11 horas diarias. Cuando termino una etapa duermo una siesta en el autobús para recuperar fuerzas, luego tengo sesión de masajes, ceno, camino para estirar los músculos y a la cama de inmediato.

7. La alimentación es controlada por un cocinero. Cada corredor del equipo come dos veces al día: un desayuno a base de proteínas fáciles de digerir —como las del huevo—, una tortilla con jamón y queso, algo de arroz, cereales, café con tostadas, yogur y carbohidratos. En la cena, los hidratos de carbono son esenciales: espaguetis o macarrones, carne, pavo, pollo o pescado. Tras cada etapa recibimos proteínas líquidas en bebidas hidratantes.

8. Durante el invierno previo al Tour se organizó una concentración en Noruega que resultó fundamental. Fuimos 70 personas entre corredores, mecánicos, masajistas, médicos y administrativos que, divididos en grupos, practicamos esquí de fondo en un terreno en el que casi no se podía esquiar, cargando un trineo con leña, tienda de campaña, estufa y agua que pesaba 80 kilos. Eran jornadas duras, la mayoría no sabíamos esquiar, el material era precario y si se rompía había que repararlo. Eso generó cansancio, la gente comenzó a sacar su genio, a descubrirse tal cual y se sacaron conclusiones sobre qué personas podían tomar responsabilidades, quiénes podían tomar decisiones, en cuáles se podía confiar. Eran actividades que profundizaban en aspectos del ser humano y que luego se volcaron al ciclismo.

9. No me siento presionado por el ambiente de sospecha que rodea al ciclismo. Los controles antidopajes son constantes y las noticias desagradables son permanentes, pero yo intento pasar de ellas olímpicamente. Que todo no es maravilloso es cierto, pero en la vida no hay nada totalmente maravilloso. Por lo tanto, me quedo con lo positivo que me da este deporte.

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