Desde hace poco más de un año, Johanna Bahamón se la pasa con los brazos llenos de sellos, y no precisamente porque su hijo se los ponga, sino porque son los necesarios para poder ingresar a la cárcel de mujeres El Buen Pastor, donde ha montado, con su fundación Teatro Interno, dos obras de teatro.

Todo empezó porque Johanna fue invitada a la cárcel, en septiembre de 2012, para ser jurado de un reinado de belleza de las internas. Ella nunca había entrado a una penitenciaría, y ese día quedó impactada y también decidida a involucrarse de alguna u otra manera. La forma que encontró fue creando una fundación para enseñarles a las reclusas a actuar, y hoy, después de un año, han llevado dos obras al escenario: La casa de Bernarda Alba y Cuadros de humor y amor al fresco.

A las audiciones se presentaron unas 200 internas, de las cuales fueron escogidas las mejores 16. No se tuvo en cuenta el crimen por el cual estuvieran siendo procesadas o hubieran sido condenadas, el único requisito era tener talento.

Además de las clases de actuación, la fundación Teatro Interno está ofreciéndoles a las internas clases de yoga, técnica de voz, retiros espirituales e incluso cursos de formación empresarial, en alianza con profesores e instituciones especialistas en esos temas. Y esto, que empezó con El Buen Pastor, el próximo año se extenderá a otras cárceles del país: La Modelo, La Picota y Villavicencio.

Finalmente, para las 16 mujeres que hacen parte del grupo, algunas condenadas por más de 30 años y otras próximas a salir, esto ha sido una esperanza, una razón para levantarse todos los días y una forma muy particular de sentirse en libertad.

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