1. El despacho de Mourinho remite al santuario. Allí se rinde culto a su personalidad. Proliferan sus retratos en posturas enérgicas que recuerdan líderes autoritarios. Dibujos al carboncillo, grabados, serigrafías y fotos en medio de una pléyade de trofeos. Reproducciones de la Champions, copitas de todo tipo, placas recordatorias y, a modo de altar, el título que le concedió la Fifa reconociéndole como mejor entrenador del año 2010. (Los 5 equipos de fútbol más valiosos según Forbes)

2. Los jugadores del Inter de Milan se quedaron atónitos cuando, en las primeras semanas de trabajo, encontraron a Mourinho en el parqueadero al volante de su Ferrari F599, protegido por sus gafas de piloto, revolucionando el motor y soltando el embrague para que los neumáticos se quemaran patinando contra el asfalto. El hombre se exhibía ante sus futbolistas con gusto. Aceleraba y desaparecía en medio del olor a llanta quemada.

3. Experimentó la mayor frustración de su vida siendo adolescente. Quería ser futbolista profesional. Era un centrocampista aficionado de cierta clase, pero sin las cualidades físicas imprescindibles. Constató su fracaso en el Rio Ave, el mismo equipo que dirigía Félix Mourinho, su padre, quien era presionado por los veteranos para que no cediera a la tentación de ponerlo. Desde entonces abrigó un resentimiento profundo hacia los jugadores de fútbol, a quienes, por regla general, considera intelectualmente inferiores. (Los futbolistas que más ganaron plata en 2016)

4. Para reafirmarse en su sentimiento de superioridad, se aplicó en los estudios. Además de doctorarse en Preparación Física, estudió Sociología, Psicología y Filosofía. También se interesó por la Comunicación Social. Siendo ayudante de Bobby Robson en Barcelona se iba de copas con los periodistas, por quienes profesaba el máximo interés. Gracias a su cordialidad, confianza y atenciones, pronto gozó de una gran reputación en los medios, que lo defendieron cuando el club echó a Robson, patrocinándole como auxiliar de Van Gaal.

5. Los jugadores lo llaman “el showman”. En los primeros meses de relación con sus jugadores, le encanta aprovechar las sobremesas para contar chistes. Cuando los chistes se le agotan, continúa con las divagaciones. Soliloquios en los que formula teorías sobre los más diversos ámbitos: metafísica, ciencia, autos, cine, gastronomía o medicina alternaban las tertulias en los hoteles de concentración. A modo de coro de reidores lo secundan sus más acérrimos confidentes del equipo técnico. El preparador físico Rui Faria se encuentra a la cabeza de este grupo, irreductible desde la época de Oporto. (Frases de futbolistas colombianos para reír o llorar)

6. Fue en una de esas sobremesas de concentración en Madrid donde explicó que no podía atarse a la muñeca cualquier cosa. “Cualquier cosa” puede ser un reloj de 5000 dólares. Nada de eso. Él necesitaba sentir que en su mano llevaba algo especial. Único. Admite que posee una colección de 21 relojes, en algunos casos diseñados por él mismo, que ronda los 500.000 dólares. La compañía Hublot, que lo patrocina, ha producido una serie de 350 unidades fabricadas bajo su dirección artística, con cuadrante de zafiro, bajo el título de King Power José Mourinho, por un valor de 20.000 libras esterlinas cada uno. El precio mínimo que está dispuesto a pagar Mourinho por un reloj.

7. Se encuentra cómodo en los espectáculos públicos que él mismo protagoniza, pero le desagrada la vida social. Prefiere el calor de su hogar a salir a comer o a ir al cine. Detesta firmar autógrafos. Estaba en el restaurante De María, en Madrid, cuando un hincha le pidió una firma. “No”, le dijo. El hincha insistió. “¿No me has entendido?”.

8. En el segundo día de entrenamientos al mando del Real Madrid, en plena canícula de 2010, los jugadores notaron algo raro. Estaban haciendo ejercicios con el balón, y el técnico se alejó caminando solo hasta el campo más apartado. Una vez allí se quitó la camiseta, la extendió sobre la hierba y se tendió de espaldas. Así estuvo un rato. Al regresar, Royston Drenthe le preguntó: “¡Míster! ¿Qué hace?”. Mourinho fue lacónico: “Quiero ponerme moreno”. (Los apodos más absurdos del fútbol colombiano)

9. Le preguntaron a qué le tenía miedo. “A Dios”, dijo. Luego hizo un silencio y añadió: “Pero Dios debe pensar que soy un tío cojonudo (estupendo)”. Después de ganar la Champions con el Inter, Mourinho se sintió verdaderamente señalado. Casi absolutamente todo le había salido perfectamente bien. Por entonces, era un lector acérrimo de la Biblia. A veces llevaba un ejemplar en el vestuario.

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