Kyle Careford y su amigo Michael Owen estaban drogados y borrachos el 12 de abril de 2015, llenos de adrenalina y bajo los efectos de su último cóctel de sustancias, decidieron subir al Renault Clio de Careford a dar un paseo.


Los jóvenes nacieron en Sussex, Inglaterra, y mientras Careford, de 20 años, tomaba el volante, Owen, de 21 años, sacó su celular y decidió grabar el momento que duró un poco más de 2 minutos. 


Hacer lo que no está permitido es la delgada línea que separa la libertad de cometer una estupidez, y en ese filo camina la vida. Careford aceleró a 140 kilómetros por hora y Owen grababa. Grababa las risas, el vértigo, la ingenuidad y la carretera que pasaba frente a ellos a toda velocidad, como un túnel sediento de luz. "¡Para, para, vas a más de 140 km!", dijo Owen.


La cámara se fue a negro y después de un choque que se escucha como un paquete de papas que se arruga y se tira a la basura, Careford y Owen murieron. Se estrellaron contra el muro de una iglesia. 


La cámara sobrevivió para continuar grabando, un silencio hondo, un imagen difusa entre el blanco y el rojo, y la voz de una mujer a lo lejos, "¿Me oyen, me oyen?", que se pregunta incesante sin obtener respuesta.
A los padres de Careford y Owen les quedó esta grabación, los cuerpos sin vida y la impotencia ante el egoísmo de sus hijos. "Decisiones equivocadas ", "No sé por qué decidieron hacer lo que hicieron", son solo dos de las tantas reacciones y preguntas al aire que se puede estar haciendo la madre de Careford, quien junto a los demás padres huérfanos de hijos entregaron esta semana el video a la policía de Sussex para publicar en YouTube y veamos si vale la pena repetir esta situación, si este tipo de diversión realmente divierte y puede dibujar una sonrisa en la cara, si es que la muerte no ríe primero.


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