Cuando el director Matthew Vaughn estaba en la búsqueda de un actor estadounidense icónico que pudiera interpretar a Champ, el líder de una agencia de inteligencia clandestina que como fachada tiene su sede en una destilería de Borbón, el único nombre que se le vino a la cabeza fue el de Jeff Bridges. Y al Gran Lebowski le había gustado tanto la primera película de Kingsman, que cuando le propusieron hacer parte de la segunda no lo dudó. Esta vez el ganador del Óscar (por Crazy Heart, 2009) comparte escena con otros grandes como Taron Egerton, Julianne Moore, Halle Berry y Channing Tatum.

(Especial de Kingsman)

Sabemos que fue un gran admirador de la primera película de Kingsman

Claro que sí, fue algo maravilloso. Recuerdo haber salido del cine pensando, “Vaya, esa es la mejor película de James Bond que jamás he visto”. La absorbí por completo de la manera más bella. Me encanta cuando los cineastas te sorprenden.

Es difícil ver algo nuevo y sorprendente hoy en día. Kingsman: El Servicio Secreto tenía eso en cantidades.

¿Qué le parecen esas cabezas que explotan y la pelea en la iglesia? ¡Caray!, fue algo tan bien hecho y ejecutado. Matthew supo explotar ese género de manera muy bella. Cuando me invitaron para la siguiente entrega brinqué a la primer oportunidad. Pensé que sería como una fiesta muy divertida a la que debía asistir.

¿Usted interpreta al Agente Champagne, ¿qué nos puede decir acerca de él?

És el cabecilla de una organización llamada Los Statesman, que es la versión americana de los Kingsman. Cuando las cosas empiezan a salirles mal a los Kingsman, descubren que tienen un socio en la tarea de mantener al mundo seguro al otro lado del charco. Champagne encabeza esa organización. Yo diría que es un poco como Michael Caine en la película original.

¿Por qué le dice Champ?

A él le gusta que le digan Champ. Me parece que piensa que Champagne quizás sea demasiado frívolo jeje. ‘¿Champagne? ¿Ese es el nombre que me quieren dar? ¡Tenemos Whiskey y Tequila!’ Quizás él sea como soy yo. A mí tampoco me gusta mucho el champán. ¿Alguna vez tuvo un guayabo de champán?, hay mucha azúcar en esa bebida.

(James Bond vs Jason Bourne)

¿Champ tiene pinta de vaquero?

Bueno, las cosas no son lo que parecen. Los vaqueros no son solo vaqueros. Ellos pueden ser muy sabios a su propia manera y ciertamente son muy rudos en los rodeos y ese tipo de cosas. Pero hay otros aspectos de sus personalidades que la gente no siempre conoce.

¿Qué tipo de preparación tuvo para el papel? 

Empecé de la nada. Siempre hay algunos aspectos de mí mismo en los personajes. Trato de encontrar qué aspecto del personaje ya tengo conmigo. Las cosas que no se ajustan las busco por otro lado. Busco por fuera de mí mismo a las personas que puedan inspirarme para el personaje. 

¿Entonces de dónde salió Champ en usted? 

De aspectos de mi padre, Lloyd Bridges, supongo. Él es la piedra de toque para mí en muchos papeles distintos aspectos de su persona. Una de las cosas que he observado en él y que probablemente aprendí de él en cuanto a la actuación es que aportaba mucha alegría a su trabajo. A él realmente le encantaba lo que hacía. Cuando se presentaba en el set, la gente se percataba de eso y era algo contagioso. Cuando uno se relaja, fluye mejor el trabajo. Utilicé ese aspecto de mi padre en el personaje. Para su imagen, me vino a la mente Ted Turner quizás hasta George W. Bush.

Usted ha interpretado a muchos vaqueros en su carrera. ¿Utilizó algo de esa experiencia para interpretar a Champ?

Supongo que interpreté a algunos de estos tipos subliminalmente, quizás no tan de manera consciente, pues algunas de estas cosas permean hacia otros papeles. Estoy pensando más en Wild Bill que en Rooster Cogburn en True Grit (Temple de acero, 2010) por alguna razón. Lo que uno toma para un personaje viene de toda la vida. Todas mis experiencias se juntan. Pasé la mayor parte del comienzo de mi carrera proponiéndome no desarrollar una personalidad muy fuerte para confundir a las audiencias y que pudieran proyectar sobre mí al personaje más fácilmente&hellip pero uno no se puede sacar todo el bagaje de la mente. Ahora esto no me preocupa tanto como cuando era un muchacho que empezaba.

La película se apoya mucho en esa relación especial que existe entre los Estados Unidos y el Reino Unido y las diferencias culturales entre esos dos países. ¿Cómo sintió eso?

No había pensado en esto antes, pero mi abuelo era británico, de la clase trabajadora de Liverpool. Era un gran pícaro. En la película toman el cliché de lo que es un inglés y el cliché de lo que es un estadounidense y mezclan estas dos cosas. Es divertido explorar estos estereotipos y reventarnos mutuamente las burbujas. Hasta en el guardarropa Los Kingsman se supone que son sastres mientras nosotros vamos de jeans.

¿Se divirtió haciendo esta película?

Es casi como estar en una fraternidad, todos juntos unidos por un fin común. Esa es una de las cosas que me gustan acerca de la actuación, esa camarería que logras con los demás artistas. Es una forma de arte comunal, un montón de personas improvisando música. Taron es un maravilloso cantante y solíamos cantar en el remolque de maquillaje. Es finalmente como un club de actores.

¿Y cómo fue trabajar con Matthew Vaughn, quien tiene las llaves de este asombroso reino?

Matthew es maravilloso, creó un ambiente muy relajado en el set. Él está realmente interesado en las sugerencias de todo el mundo, aun cuando mantiene su propia visión y control. Alienta a todos a que aporten sus ideas, pero no le rinde cuentas a nadie. Es el dueño de sus propios actos. Eso añade algo extra a todo esto cuando sabes que tu director no está preocupado por lo que quieren los tipos administrativos. Él es quien está a cargo.

(Tras los pasos de Milan Kundera en París)

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