Cualquier proyecto que gire alrededor de alguien con problemas mentales está condenado al fracaso, a menos que el rock haga parte de su razón social. Lamentablemente no hay gente como Syd Barrett disponible en las esquinas para contratar, y, si están tocados de la cabeza, por lo general tienen el pésimo hábito de no poder expresar la demencia en canciones y esas otras cosas que aún son importantes para el rock.


Eran otros tiempos cuando Pink Floyd comenzó a hacer una música que llamaremos experimental, con lo cual se entiende nada diferente a sonidos elaborados cuyos creadores consideraban apenas la primera etapa de una búsqueda inacabada. Se entraba a los estudios pensando que la respuesta estaría en las sesiones de grabación y no, como sucede ahora, que al estudio se pasa cuando se cree que la respuesta se tiene entre manos y solo resta grabarla.

En años en que el disco parece (porque no es así) condenado a la extinción por las plataformas tecnológicas que lo pasan de mano en mano y de computador en computador, es reconfortante encontrar una propuesta como Why Pink Floyd, que obliga a los fanáticos a sacar unos pesos del banco y a los neófitos a preguntarse qué era realmente Pink Floyd y por qué vale la pena comprar en vez de descargar.

Desde ahora, y hasta finales de febrero del año entrante, el mundo del rock girará en torno a 14 álbumes remasterizados y artísticamente reempacados. El grupo ha vendido 300 millones de copias en días en que pocas copias se hacían de los discos y la gente tenía esa sana costumbre de pagar por la música. La avanzada es Discovery, caja con los 14 títulos en estuche de papel y libro compañero, remasterizados por James Guthrie (coproductor de The Wall) y con folletos diseñados por un viejo colaborador del grupo, Storm Thorgerson.

Segundo platillo: la edición Experience de Dark side of the moon (que permaneció 741 semanas en listas de popularidad) con una versión en vivo registrada en Wembley (1974), la de Wish you were here (con material extra en vivo y estudio) y la de The Wall, repleta de “gallos” de audio y video. 

Tercer platillo: versiones Immersion de los mismos tres álbumes icónicos, esta vez acompañados de folletos tamaño libro y unos originales kits con fotos y artes de los long plays originales. Los tres álbumes, de postre, se editarán en vinilos de 180 gramos, para quienes extrañan los dark sides de los álbumes setenteros. Y, si usted está escaso de billete o de ánimos, tranquilo: habrá CD de grandes éxitos con 16 canciones directamente tomadas de los 14 títulos originales.

Si esto no es una experiencia, entonces, excepto el sello con mellizas, ¿qué lo es?  

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